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| La vida tiene un sentido y su sentido es la trascendencia al prójimo... |
Sistema de Justicia Penal para ciudadanos
Sara Mendoza viuda
de Hernández, en una obra sencilla y profunda a la vez, había aprendido que
existe una configuración social. La cual, vista de arriba hacia abajo, se
compone con nueve estamentos sociales: señores, clérigos, comerciantes,
industriales, banqueros, obreros, paracaidistas, campesinos e indígenas. Los
profesionista y maestros se ubican dentro del estamento de los clérigos.
Por supuesto, en su momento, le importó mucho la síntesis
expuesta, pero ahora buscaba una manera de mostrar a Fernando y a Ximena que
sus discusiones parecían suspendidas en el aire. Que carecían de sustento en la
vida real. Era necesario que lo supieran, pues pensaban y sentían que el mundo
giraba en torno a ellos dos. Ellos eran el ombligo del universo. Dos corazones
generosos, dos inteligencias brillantes, pero ignorantes de las distintas
visiones que pueden existir de las cosas del derecho.
Hablaban por hablar, pues quienes finalmente decidían
eran los señores. Los clérigos buscaban con afán mil formas de echar incienso a
los señores. Los comerciantes, industriales y banqueros, con la ilusión de
llegar a ser señores, se pasaban la mitad de la vida construyendo una imagen y
la otra mitad cuidando que no la fueran a destruir. Los demás eran desechables
para los anteriores, aun así su presencia no podía ser ignorada.
Doña Sara había sostenido profundas conversaciones con su
esposo. De ellas desprendió las diversas perspectivas que llegaron
a México para ver el cosmos o quizás el caosmos, pues ella está convencida de
que México vive una caoticidad.
Dentro del caos que prevalece algunos de esos modos de ver las cosas ayudan a
los mexicanos a poner orden, por lo menos en su pensamiento. Esto es lo que les
fallaba a los “tórtolos”.
Sara es una mujer del siglo XX que tenía la fortuna, o
quizá el infortunio, de asomarse al siglo XXI. El inicio del siglo XX estuvo
marcado por la Revolución mexicana, la cual puede considerarse como una lucha
contra un régimen, el porfirista, basado en progreso y la modernidad a cambio
del empobrecimiento y explotación de la mayoría de la gente. Esa lucha también
se desarrolló en el campo del pensamiento. Su esposo hablaba con soltura de
Antonio y Alfonso Caso, de Samuel Ramos o Francisco Larroyo y, mejor aún de sus
discípulos Eduardo García Maynez, Rafael Rojina Villegas, Virgilio Domínguez,
Guillermo Héctor Rodríguez y Efrén Hernández.
Ella, como tantos otros, tuvo que estudiar la Introducción al estudio del Derecho de Eduardo García Maynez y la Filosofía del Derecho de Luis Recaséns Siches. Estos pensadores, el segundo un español cuya obra se consideró mexicana, estudiaron, a su vez, la Teoría pura del Derecho de Hans Kelsen y la difundieron en México, pero siempre para intentar superarla, ya que partían de concepciones filosóficas distintas. Se podría decir que la consigna de aquellos años fue ir más allá de Kelsen.
Ella, como tantos otros, tuvo que estudiar la Introducción al estudio del Derecho de Eduardo García Maynez y la Filosofía del Derecho de Luis Recaséns Siches. Estos pensadores, el segundo un español cuya obra se consideró mexicana, estudiaron, a su vez, la Teoría pura del Derecho de Hans Kelsen y la difundieron en México, pero siempre para intentar superarla, ya que partían de concepciones filosóficas distintas. Se podría decir que la consigna de aquellos años fue ir más allá de Kelsen.
Algo había escuchado de la Filosofía analítica, pues
Fernando Salmerón uno de sus impulsores en México, estudió en la Facultad de
Derecho de la Universidad Veracruzana. También fue Rector de esta Universidad.
Él fue veracruzano. Sin chauvinismo, ella sentía admiración por los
veracruzanos distinguidos. En el momento presente existen numerosos obstáculos
para el desarrollo de la filosofía del derecho en las universidades. Leyó la
obra de Miguel Villoro Toranzo y, al menos por lo que respecta a la
Introducción al estudio del Derecho, concluyó que termina siendo una exposición
de la obra de Eduardo García Maynez.
Sin embargo, Fernando y Ximena no tenían ni siquiera eso.
Los cursos a que asistieron estaban dominados por “Antologías” sin orden y sin
sentido. Los profesores suponían que ellos debían darle orden y sentido. Como actuando en defensa propia la mayoría de los alumnos se centraban en ramas especiales del
Derecho (civil, mercantil, laboral o penal), pero dominados por una gran desorientación. Fernando y Ximena habían puesto toda su atención en el derecho penal y en el derecho procesal penal.
Sara Mendoza viuda de Hernández, dedicada a las labores
del hogar, quería decirles a los "tórtolos" que la vida tenía un sentido, el cual ella
había descubierto, más que por las lecturas que hacía en su escaso tiempo libre,
por la trayectoria de su vida. Ella tenía una gran sensibilidad social, pero
jamás se le vio haciendo “obras de caridad”. Su testimonio estaba caracterizado
por el silencio. “Que tu brazo izquierdo no se entere de lo que hace el derecho”.
De este modo había sacado adelante a algunas familias. Pese a esto, y le
pesaba mucho, no se percató de la enorme necesidad que tenía su cocinera. Ahora
que el hijo de la señora de la cocina parecía, sin serlo, un “mara-salvatrucha”
y se encontraba en prisión, decidió ayudarles sin abandonar su estilo. Ella se
encargaría se sembrar la semilla en Fernando y Ximena para que descubrieran que
el sentido de la vida está en la trascendencia y, en primer lugar, la
trascendencia hacia el ser que está más próximo a nosotros. Seguía pensando en
la cocinera y en su pobre hijo. Sara percibía el derecho penal desde un ángulo
muy peculiar.
[Esta historia continuará]

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