viernes, 21 de diciembre de 2012

Choque de trenes



En la perspectiva del viejo juez Ximena era una chiquilla dispuesta a participar en el juego de policías y bandidos. En el enfoque de Ximena los días de la vida profesional de su abuelo estaban contados. De algún modo, había averiguado que información no es comunicación y ansiaba comunicarse con su abuelo antes de que llegara su fin. La información que él le proporcionaba la encontraba con el buscador de Google en INTERNET. Pero, sobre todas las cosas, ella se preguntaba ¿Por qué no puede platicar sus mejores casos? Él se preguntaba lo mismo. Y esto ya comenzaba a molestarle.

Llegados a este punto, el juez jugueteaba con su nieta como cuando era niña (Seguía siendo niña para él). Desde siempre trató de que buscara la superación a través de las más diversas cuestiones. La diferencia es que hoy las preguntas versaban sobre el sistema de justicia penal. No confesaba que con las respuestas aprendía siempre. Tampoco se percataba del sufrimiento que ocasionaba: ¡La verdad se arranca a las cosas y a las personas mediante el interrogatorio! En efecto, la nieta se sentía como en un callejón sin salida ante el poderoso inquisidor y antes de cada respuesta sudaba frío. El cariño la cegaba, pues a fuerza de decir verdad, ella le seguía el juego. Aunque la angostura o angustia cada vez fuera más estrecha. “Quien bien te quiere te hará llorar” rezaba el adagio pedagógico medieval.

—El abuelo: “¿En qué consisten el sistema penal inquisitivo y el sistema penal acusatorio?”

—La nieta: “El sistema penal inquisitivo es aquel en el cual el juez actúa de oficio, impulsa el proceso por iniciativa propia y le corresponde el juzgamiento de los hechos sobre la base de su propia investigación. Por otro lado, en el sistema penal acusatorio el juzgador no puede actuar ex officio pues carece de poderes autónomos de investigación y sólo se limita a ser un contralor de la persecución y al juzgamiento de los hechos que se presentan.

“Es una respuesta sucinta” —Terció Clemencia, la cual pretendía criticar y no elogiar a Ximena.

—La nieta dirigiéndose a la Clemencia: “La respuesta es breve, pero también es correcta”

—Clemencia: “No, ya que el sistema penal tanto el inquisitivo como el acusatorio son eso que dices, pero también mucho más que eso”.

La nieta ante estas intervenciones reaccionaba como si le hubiera mordido una víbora. No soportaba que el abuelo tuviera a esta mujer siempre en su oficina, pues impedía lo que más anhelaba en su vida juvenil: comunicarse con su abuelo. Sin embargo, en esta ocasión se quedó callada pensando en su propia conclusión, ya que había contestado la cuestión con la recitación de algo que había leído en alguna parte, pero lo cierto era que había algo que el sistema tradicional había perdido (si es que alguna vez lo tuvo) y que el sistema acusatorio prometía, esto es, el rito o, mejor aún, la ritualidad. Es decir, no se observaban las formalidades prescritas para el proceso penal. Precisamente hoy era el fin del mundo del abuelo y su propia vida marcaba el inicio de una nueva era. Un auténtico choque de trenes.

El abuelo, por su parte, observaba en silencio a su nieta. ¿Sospecharía de su relación con Clemencia? Desechaba esa idea en el acto, pues sería el fin del mundo familiar. Pero, continuaba su examen con detenimiento, consideraba que la nieta no era normal, pues para saber tantas cosas debía únicamente estudiar y no hacer otra cosa. ¿Tenía novio? ¿Amigos? ¿Iba a fiestas? ¿Le gustaba cocinar o bordar como las mujeres de antaño? La verdad no lo sabía. Se lo preguntaría a sus padres.

Clemencia había mirado de reojo al hombre que había utilizado en los últimos diez años. Se dio cuenta de la evaluación a que había sujetado a su nieta y adivinó las ideas y preocupaciones que le aquejaban. El pobre viejo ignoraba la velocidad vertiginosa que había adquirido el mundo contemporáneo, entre otras cosas, gracias a las tecnologías de la información. En el curso de capacitación que ella había tomado escuchó lo siguiente:

En los últimos años se ha visto una incesante y creciente aplicación de este tipo de tecnologías no solo a actividades productivas o económicas, con enormes ganancias de calidad y eficiencia en la provisión de bienes y servicios, sino que también a prácticamente cualquier área de la actividad humana, lo que ha modificado no solo la forma de trabajo de las personas, sino que también otras esferas antes inimaginables, como es la misma forma de relacionamiento de las personas.

Ximena, la nieta del viejo juez con solamente 19 años, entre los jóvenes, era una mujer que había aprendido a lidiar y hacer suertes a los toros bravíos del mundo postmoderno. No le cabía la menor duda, las Tecnologías de la información (TICs) son el corazón del Sistema de Justicia Penal nuevo.

[Esta historia continuará]

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