viernes, 14 de diciembre de 2012

El tiempo presente, lo único que cuenta



Los viejos, dicen los entendidos, no se quejan sino que solamente se sienten cansados. Sienten el peso de los años, es decir, les pesa lo que recuerdan, pero que ya no existe. No suelen levantar la mirada y ver el futuro porque éste todavía no es. Además, les queda poco, ellos vislumbran la muerte. “El hombre es el único animal que sabe que va a morir”. El futuro tampoco existe. Luego, los viejos están cansados por nada.

La plataforma del presente es lo único que cuenta. Se trata del gerundio: estamos viviendo. Si se mira en torno, entonces se describe o se prescribe: “Así están las cosas, pero así no debieran estar”. Cuando se trata del proceso penal, las descripciones suelen ser muy tristes y todos concluyen, “Esto no debe ser”. Pero, cuando se tiene a la mano un conjunto de prescripciones, por  ejemplo, el Código de Procedimientos Penales que ordena el proceso penal acusatorio y oral en Veracruz (México), entonces se rechaza arguyendo mil y un pretextos. Lo que les importa a los viejos (y esta vejez no es cosa de edad) es que lo prescrito no adquiera obligatoriedad porque implica encarar lo desconocido.

Uno de los pretextos más curiosos es cuando se esgrime hasta con cierta elegancia que el Código es de “primer mundo” y partir de allí se desprenden una serie de elogios para el procedimiento penal ordenado y todavía no establecido. Pero, se agrega enseguida: “Es un vestido muy hermoso, pero que no está hecho a la medida de los países de tercer mundo”. Queda implícito que nuestra realidad, como en efecto lo es, es una realidad marginal.

Estos viejos de espíritu no han examinado siquiera el vestido al que aluden, pero quieren conservar a como dé lugar, las garras de traje que arrastra la realidad actual. Ninguno de esos viejos pareciera estar de acuerdo con los tintes inquisitoriales del proceso penal que anda por los tribunales, pero también pareciera que darían la vida porque nada cambiara. En algunos casos porque el anciano está entronizado y disfrutando los privilegios que le arroja ser inquisidor o cómplice de los inquisidores. En otras, simplemente porque el viejo es viejo…

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