El origen del Paseo de los Berros es muy antiguo,
debe su nombre a una planta comestible que crecía cerca de una charca formada
por las corrientes de las aguas que descendían de los montes circundantes
(localizados en las actuales calles Miguel Hidalgo y Diego Leño). Al principio
el lugar sirvió como potrero y plaza de armas.
Lo que hoy se conoce como El Parque de Los Berros
se construyó durante el gobierno de Juan de la Luz Enríquez. En 1911 fue
ampliado por el gobernador León Aillaud. En 1953, en su entrada, se instaló una
estatua de Miguel Hidalgo y Costilla; también se colocaron una más en memoria
del poeta Salvador Díaz Mirón (quién habitó en la Quinta Rosa, enfrente del
parque sobre la calle Hidalgo) y otra de la poetisa tlacotalpeña Josefa
Murillo.
En el
Paseo de los Berros fue donde sus manos se entrelazaron por vez primera,
ocurrió de manera natural. Ximena recordó la construcción casi poética de un versador
de Alvarado y que le gustaban recitar a su abuelo: “La carta que te escribí / me dicen que te la hallaron / fue como decir
así / que fue plan que nos formaron / que yo para ti nací / y a ti para mí te
criaron.” Fernando sorprendió su sonrisa burlona.
—Y, con
ese gesto tan característico en él que le hacía fruncir el ceño, preguntó:
<<¿Pasa algo?>>.
—Ella
contestó: <<Nada. Solamente recordaba unos versos que solía recitar mi
abuelo>>.
—Él
volvió a cuestionar: <<¿Los puedo conocer?>>.
—Con una
coquetería inusual en ella, replicó: <<Ya se verá, ya se verá, ya se
verá>>.
En
Xalapa, el Paseo de los Berros ante todo y sobre todo significa tradición, es decir, seguridad. Simboliza
todo aquello que se da por garantizado en la sociedad xalapeña. Ximena recibió
esa transmisión a través de la mano de su abuelo. Levantaba su mirada de niña y
lo veía inmenso y apretaba su también inmensa mano para sentirse más segura.
Cuando se subía al pony, que era la alegría de los niños, el abuelo tenía que
caminar a un lado. De lo contrario ella sentía deseos de llorar.
Hoy
caminaba de la mano de Fernando, una mano que sólo le producía incertidumbre.
Iba de la mano de un hombre de estos tiempos. El Parque de los Berros se
transformaba para significar ya no tradición sino utopía. La hermosa arboleda
es o parece ser el escenario de aquella
antigua película americana protagonizada por Charlton Hestón, Cuando el destino nos alcanza. El símil
se hacía mayor porque su abuelo le compraba un algodón de azúcar; en cambio
Fernando solía comprar “galletitas” Este
Parque es el camino obligado al centro del saber universitario. Un saber
convertido en amenaza. Los egresados de la Universidad Veracruzana
representaban competencia en el empleo.
Al pasar
frente a la casa que habitó Salvador Díaz Mirón, recordó su poesía A gloria, un poema que parecía escrito
para definir su relación con Fernando en los inicios. El lío y la incertidumbre
que le agobiaban estaban descritos en los primeros y en los últimos versos,
pues cuando trataba el tema de los
juicios orales, todo el discurso de Fernando se resumía en los primeros versos:
No intentes convencerme de torpeza / con
los delirios de tu mente loca: / mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y
luz como el cristal de roca.
Sin
embargo, los últimos versos eran una loza que aplastaba sus metas y sus
ilusiones profesionales. Aquellas que finalmente pudo compartir con su abuelo.
Cada vez que ella platicaba sobre su deseo fundamental de ser una defensora
pública, entonces el discurso de Fernando se sintetizaba de este modo: ¡Confórmate, mujer! Hemos venido / a este
valle de lágrimas que abate, / tú, como paloma, para el nido, / y yo, como el
león, para el combate.
Ximena
enfrentaba el mismo dilema de su abuela. Optar por el ejercicio profesional de
la abogacía o dedicarse a las labores del hogar. Su abuela se había rendido
ante el segundo brazo del dilema. Ximena estaba hecha un lío. Reconocía que se
había despertado su instinto maternal. Quería una casa sencilla de una sola
planta con su sala-comedor, su cocina, un garaje para dos autos, dos baños y
medio, tres recámaras, un estudio y, sobre todas las cosas, un jardín en donde
pudieran juguetear sus dos hijos. Allí su esposo y ella podrían transmitirles
la alegría de vivir.
Sin
embargo, según ella, nada de esto le impedía realizar su vida profesional.
Lograría una oficina en el Instituto de la Defensoría Pública. Se organizaría
adecuadamente para preparar sus casos. Sabría darse el tiempo para asistir a
las audiencias e impediría que se victimizara a los imputados o acusados por un
delito. Sabía que Fernando se opondría a esto, pero ella no se rendía fácilmente
y también sabría encontrar el equilibrio que lo conjugara todo. No cabía la
menor duda de que aquel día en el Paseo de los Berros rondaba el espíritu
conservador de Díaz Mirón, pues Fernando le dijo algo y ella entendió que le
decía: ¡Depón el ceño y que tu voz me
arrulle! / ¡Consuela el corazón del que te ama! / Dios dijo al agua del
torrente <<¡bulle!>> ; / y al río de la margen:
<<¡embalsama!>>.
El pensamiento de Fernando Molina estaba
dominado por la política. No por la política en general sino por la política criminal. Su corazón
atormentado había encontrado en la mujer que llevaba de la mano el bálsamo que
curaba sus heridas y le animaba de nueva cuenta a soñar. Era necesario acabar con
los malos. Aquellos que explotaban a
los trabajadores y que hoy consideraban que eran cosas desechables. Se trataba
sin duda de la más grave manifestación del crimen organizado: los poderes
salvajes que avasallaban este mundo. El haría el trabajo desde su trinchera, la
Agencia del Ministerio Público. Él no pensaba en la cursilería del matrimonio,
convencido que era algo desechable, pero sí en formar pareja. Convencería a Ximena de que le acompañara en su proyecto de
vida. Otros versos de Salvador Díaz Mirón describían bien el estado de su espíritu
alterado, utópico:
ASONANCIAS
Sabedlo, soberanos y
vasallos,
próceres y mendigos:
nadie tendrá derecho a lo superfluo
mientras alguien carezca de lo estricto.
próceres y mendigos:
nadie tendrá derecho a lo superfluo
mientras alguien carezca de lo estricto.
Lo que llamamos
caridad y ahora
es sólo un móvil íntimo,
será en un porvenir lejano o próximo
el resultado del deber escrito.
es sólo un móvil íntimo,
será en un porvenir lejano o próximo
el resultado del deber escrito.
Y la Equidad se
sentará en el trono
de que huya el Egoísmo,
y a la ley del embudo, que hoy impera,
sucederá la ley del equilibrio.
_ _ _ _
[Esta historia continuará]
de que huya el Egoísmo,
y a la ley del embudo, que hoy impera,
sucederá la ley del equilibrio.
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[Esta historia continuará]

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