lunes, 17 de diciembre de 2012

"Hernandez"

Cantinflas

“Hernández”


“El Estado de Veracruz de Ignacio de la Llave tiene una población de siete millones, seiscientos cuarenta y tres mil, ciento noventa y cuatro habitantes, según el censo de  población de 2010, efectuado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, INEGI, por sus siglas.” El juez repetía una y otra vez este dato para no olvidarlo el día de mañana; al tiempo que miraba el cielo, la luna y las estrellas por la enorme bóveda que hizo construir en su casa nueva. La casa grande fue construida en lo alto de aquella loma, prácticamente en las afueras de la ciudad capital. Pensaba en las personas como veía las estrellas.

El tema de la reunión de mañana sería: el principio de la dignidad de la persona humana. ¿Qué valor tenía esa “manada”? -se preguntaba. Él los impresionaría con el dato, por algo había hecho el postgrado. La reforma penal le daba mucha importancia a las computadoras. El juez se reía al pensar esto último. Él jamás había utilizado instrumento electrónico alguno (el celular sólo era un teléfono móvil). Las tareas que le encargaban en el postgrado, se las dictaba a Clemencia en la oficina, al mismo tiempo que le acariciaba su cuello. Después, ya en casa, la casa chica, su nieta pasaba el trabajo en limpio en la “lap”, que él le había regalado. Ella misma enviaba las tareas a los profesores por correo electrónico.

El secreto del mito de los juicios orales había llegado a su entendimiento a través de una de esas tareas. Su nieta cortó y pegó en su trabajo escolar un texto de INTERNET, el profesor le criticó por no haber citado la página web de donde tomó el artículo. El viejo juez sólo entendió que, como siempre, su disertación había sido brillante. Debió haber gritado ¡Eureka! Pero, olvidó hacerlo. Serendipity había entrado en acción, lo cual significa que al juez la iluminación le llegó de chiripa.

“La palabra clave es Teatro. Éste es una rama de las artes escénicas, que consiste en la representación o actuación de historias en frente del público, usando para estos fines el habla, gestos, la mímica, la danza, la música y otros elementos.” Esto son los juicios orales: puro teatro, concluyó. Así fue el cierre de su discurso, como un manotazo en su escritorio de madera fina. Y él creía estar en lo cierto. Lo había visto muchas veces en las series de televisión. Era un apasionado seguidor de una serie en particular La Ley y el Orden. También había visto muchas películas. Pudo reír mucho con los juicios de Cantinflas, el gran mimo mexicano y sabía que la palabra “cantinflear” aparecía en el Diccionario de la Lengua Española, que recogía el significado <<Hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada>> o <<actuar de la misma manera>>.

En aquella clase, el profesor había citado un autor (no recordaba su nombre), pero esto decía en sus notas: “…un modelo que describe la forma en que los argumentadores intentan convencer a otros de la aceptabilidad de sus opiniones.” En el acto pensó en Cantinflas que siempre convencía a sus adversarios y al juez. No pudo contener una franca sonrisa, casi una carcajada, cuando llegaran los juicios orales a Veracruz, él, un juez de antaño, convencería a todos con su elegante retórica y, por supuesto, sin cantinflear.  Cabe aclarar que sus risas, sonrisas y carcajadas nunca se expresaban en su rostro, el no reía nunca, en esto hacía radicar su respetable seriedad. 

[Esta historia continuará]

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