jueves, 20 de diciembre de 2012

La nieta

La constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo



Ximena Hernández Méndez, 19 años, estudiante de leyes, aun cuando su ocupación principal consistía en ser adoratriz de su abuelo. Ella era alta, 1.85 m., atractiva, pero no bonita (no tuvo a quien salir), morena, ojos negros. Una mujer resuelta a conseguir que el reino del derecho fuera una realidad social. Veía en el viejo juez un ejemplo a seguir.

Se aproximó con naturalidad al Sistema de Justicia Penal nuevo. Aún no lo ponían en funcionamiento y ni siquiera lo enseñaban en la Facultad de Derecho, pero ella tomó un Diplomado sobre el tema. En ese curso comprendió cabalmente los desafíos, principalmente dos: uno, las promesas de contar con procesos judiciales públicos y transparentes, promesas que se han hecho con la reforma constitucional en materia de Justicia penal de 2008; y, otro, la expectativa de alcanzar mayores niveles de eficacia y eficiencia en la procuración y administración de justicia.

A Ximena le gustaba pensar en las novedades que traía el Sistema de Justicia Penal. En el proceso penal acusatorio y oral se distinguen claramente las funciones de investigación y de juicio. El juez en este sistema –y al recordar esto imaginaba a su abuelo‒ ejerce un importante control sobre las autoridades encargadas de la investigación, lo cual da lugar a que existan etapas del procedimiento que no son consideradas por el sistema tradicional. El acusado debe ser escuchado a lo largo de todo el procedimiento, incluyendo la investigación, teniendo derechos muy amplios para su defensa. La prisión preventiva será una medida cautelar de carácter excepcional. El proceso acusatorio será predominantemente oral y se desarrollará en audiencias concentradas y continuas.

La nieta del viejo juez tenía una profunda coincidencia con él. Estaba convencida de que los juicios orales tenían una esencia teatral. De niña soñó con ser actriz y muy pronto su sueño sería una realidad. Ya se veía en el foro participando en el esclarecimiento de los hechos, en la protección al inocente, en la procuración de que el culpable no quedara impune y cuidando que los daños causados por el delito se reparen. Ella representaría el roll de defensora. Su corazón generoso la llevaba hacia el Instituto de la Defensoría Pública. Sabía que era una mujer de carácter y defendería con ahínco a quien más lo necesitara.

Quedó dicho que Ximena adoraba a su abuelo y no comprendía porque la abuela y su madre le precavían, convencidas de que no era un buen hombre. Pero, pensaba, si es el hombre de la justicia, un sacerdote de la legalidad. Aun recordaba la máxima de Ulpiano: Justicia es la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo. En donde el “dar” comprendía el hacer o el no-hacer y el “a cada uno” debería entenderse literalmente, a cada uno con su nombre y apellidos (no a colectivos). Finalmente, “lo suyo” aludía a los derechos de cada cual. Su abuelo era un hombre justo.

[Esta historia continuará]

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