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| La cocina de la casa chica del viejo juez |
Doña Juana García Rodríguez, 37 años, chaparrita, morena,
católica, apostólica y romana. Cultivada por su iglesia, con una formación
bíblica asombrosa, aunque solamente haya terminado la secundaria. Ella es la
señora de la cocina en la casa del difunto juez. También es el brazo derecho de
Doña Sara Mendoza. Juana, con toda sinceridad, se describe a sí misma como un
gusano. “Ante la grandeza de Dios no soy sino un gusano”. Sabía que esta frase
la había dicho un santo.
No obstante, se equivocaría quien pensara que era una
mujer apocada. Ella no se sentía poca cosa. A veces decía “Me casé bien casada”
y, otras veces, expresaba “Salí de blanco de mi casa”. Cuando su marido se quedó
sin trabajo por el recorte de personal en la fábrica de chocolates, ella
resolvió ayudarlo y se puso a buscar trabajo. Encontró el empleo de cocinera en
la casa del juez. La señora de la casa un ser profundamente respetuoso, era puntual
en los pagos y le daba lo que ella consideraba una remuneración digna, que
aumentaba un poco cada año. El esposo de Juana no es un holgazán, pero carecía de trabajo
fijo, por lo cual ella se había convertido en el sostén de la casa. Sus tres
hijos son buenos muchachos.
Había leído la Biblia en su totalidad. Comprendía que
toda ella narraba la vida de Jesús, con quien tuvo su primer encuentro cuando
hizo la primera comunión. La verdad es que había un libro que no se había atrevido
a leer: el Apocalipsis. Como muchas
personas, religiosas o no, asociaba este libro con acontecimientos terribles.
Si se dice que “el apocalipsis es inminente”, se piensa en una catástrofe de grandes dimensiones, en
la que se puede ver como un signo precursor del fin del mundo.
Juana sospechaba que aquellos acontecimientos son próximos.
Su creencia se confirmó en 1999, cuando escuchó al padre Pepe decir: <<El
porvenir del mundo está amenazado seriamente desde el punto de vista del
equilibrio ecológico, del suministro de reservas y de la relación de fuerzas
entre las naciones>>. Ella solamente había comprendido que le había
tocado vivir en un escenario catastrófico.
El día que su hijo fue detenido arbitrariamente, acusado por
un delito de violación que no cometió, no se escandalizó, porque también eran
signos de estos tiempos. Su hijo le había platicado de sus relaciones sexuales
con la muchacha de los jugos, la hija del tendero, pero el hijo le juró que
pronto se casarían y sabía que cumpliría esta promesa. Sin embargo, Juana cayó en la
desesperación. Parecía que había personificado la letra de aquella canción que
en la humildad de su experiencia religiosa no conocía.
“Apocalipsis Now”
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“Hay que partir de cero.
Como se oye y se dice.
Nos viene estrecha nuestra piel.
El mundo es ahora como un pañuelo.
Unas gentes te crucificaron.
Eso no está bien. Fuimos nosotros.
¿Y ese niño que muere de frío?
¿Por qué?
Tu pobre pueblo está roto.
Estalla de hambre de metralla.
Ahí está la represalia.
Comienza el Apocalipsis.
¡Apocalipsis now!
Ven a ayudarnos.
Tú, el mozo de Galilea.
Dijiste “Volveré”
¿A qué esperas?
Ven a ayudarnos.
Todos andamos al revés.
¡Necesitamos tanto el amor!
Ven a iluminarnos.
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Los buenos se han maleado.
Los viejos entre sí desconfían.
Mi madre tuvo cinco hijos.
Ella no espera un Mesías.
¿Recuerdas? La chica del bar
Era muy agraciada.
Tiene quince años, y ha muerto.
¿Por qué?
Su viacrucis
Se compone de millares de cruces.
Ahí están las represalias.
Comienza el Apocalipsis.
¡Apocalipsis now!
Ven a ayudarnos,
Tú, el mozo de Galilea.
Dijiste: “Volveré”
Ya es hora, ¿no crees?
Ven a ayudarnos.
Todos andamos renqueando.
¡Necesitamos tanto el amor!
Comienza otra vez, ¿quieres?
Ven a ayudarnos,
Mozo, de Galilea.
Tú dijiste: “Volveré”.
Pues ya es hora, ¿no crees?
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Doña Juana García Rodríguez tenía por guía espiritual al
padre Pepe. En su desesperación fue a platicar con él. Le comentó que había
escuchado en las noticias que se había vuelto común que los padres recorrieran
el país clamando justicia para sus hijos y ella se sentía con la voluntad para hacerlo.
Ya lo había platicado con su esposo y él estaba de acuerdo y quería a
caminar junto a ella. Juana se sentía dispuesta a dejar el trabajo seguro y
arriesgar sus pobres ahorros en esta empresa.
El padre Pepe le contestó en estos términos:
<<Juana, si quieres luchar como cristiana contra las arbitrariedades del
poder político, necesitas una estrategia. Así que antes de emprender tu lucha,
debes leer el Apocalipsis. Allí está diseñada una formidable estrategia
cristiana para enfrentar a la bestia>>.
Juana retornó a su casa y esa noche no durmió, leyendo el
último libro de la Biblia.
[Esta historia continuará]

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