martes, 1 de enero de 2013

La señora de la cocina

La cocina de la casa chica del viejo juez

Doña Juana García Rodríguez, 37 años, chaparrita, morena, católica, apostólica y romana. Cultivada por su iglesia, con una formación bíblica asombrosa, aunque solamente haya terminado la secundaria. Ella es la señora de la cocina en la casa del difunto juez. También es el brazo derecho de Doña Sara Mendoza. Juana, con toda sinceridad, se describe a sí misma como un gusano. “Ante la grandeza de Dios no soy sino un gusano”. Sabía que esta frase la había dicho un santo.

No obstante, se equivocaría quien pensara que era una mujer apocada. Ella no se sentía poca cosa. A veces decía “Me casé bien casada” y, otras veces, expresaba “Salí de blanco de mi casa”. Cuando su marido se quedó sin trabajo por el recorte de personal en la fábrica de chocolates, ella resolvió ayudarlo y se puso a buscar trabajo. Encontró el empleo de cocinera en la casa del juez. La señora de la casa un ser profundamente respetuoso, era puntual en los pagos y le daba lo que ella consideraba una remuneración digna, que aumentaba un poco cada año. El esposo de Juana no es un holgazán, pero carecía de trabajo fijo, por lo cual ella se había convertido en el sostén de la casa. Sus tres hijos son buenos muchachos.

Había leído la Biblia en su totalidad. Comprendía que toda ella narraba la vida de Jesús, con quien tuvo su primer encuentro cuando hizo la primera comunión. La verdad es que había un libro que no se había atrevido a leer: el Apocalipsis. Como muchas personas, religiosas o no, asociaba este libro con acontecimientos terribles. Si  se dice que “el apocalipsis es inminente”, se piensa  en una catástrofe de grandes dimensiones, en la que se puede ver como un signo precursor del fin del mundo.

Juana sospechaba que aquellos acontecimientos son próximos. Su creencia se confirmó en 1999, cuando escuchó al padre Pepe decir: <<El porvenir del mundo está amenazado seriamente desde el punto de vista del equilibrio ecológico, del suministro de reservas y de la relación de fuerzas entre las naciones>>. Ella solamente había comprendido que le había tocado vivir en un escenario catastrófico.

El día que su hijo fue detenido arbitrariamente, acusado por un delito de violación que no cometió, no se escandalizó, porque también eran signos de estos tiempos. Su hijo le había platicado de sus relaciones sexuales con la muchacha de los jugos, la hija del tendero, pero el hijo le juró que pronto se casarían y sabía que cumpliría esta promesa. Sin embargo, Juana cayó en la desesperación. Parecía que había personificado la letra de aquella canción que en la humildad de su experiencia religiosa no conocía.

“Apocalipsis Now”
“Hay que partir de cero.
Como se oye y se dice.
Nos viene estrecha nuestra piel.
El mundo es ahora como un pañuelo.
 
Unas gentes te crucificaron.
Eso no está bien. Fuimos nosotros.
¿Y ese niño que muere de frío?
¿Por qué?
 
Tu pobre pueblo está roto.
Estalla de hambre de metralla.
Ahí está la represalia.
Comienza el Apocalipsis.
¡Apocalipsis now!
 
Ven a ayudarnos.
Tú, el mozo de Galilea.
Dijiste “Volveré”
¿A qué esperas?
Ven a ayudarnos.
Todos andamos al revés.
¡Necesitamos tanto el amor!
Ven a iluminarnos.
 
 
Los buenos se han maleado.
Los viejos entre sí desconfían.
Mi madre tuvo cinco hijos.
Ella no espera un Mesías.
 
¿Recuerdas? La chica del bar
Era muy agraciada.
Tiene quince años, y ha muerto.
¿Por qué?
 
Su viacrucis
Se compone de millares de cruces.
Ahí están las represalias.
Comienza el Apocalipsis.
¡Apocalipsis now!
 
Ven a ayudarnos,
Tú, el mozo de Galilea.
Dijiste: “Volveré”
Ya es hora, ¿no crees?
 
Ven a ayudarnos.
Todos andamos renqueando.
¡Necesitamos tanto el amor!
Comienza otra vez, ¿quieres?
 
Ven a ayudarnos,
Mozo, de Galilea.
Tú dijiste: “Volveré”.
Pues ya es hora, ¿no crees?

 

Doña Juana García Rodríguez tenía por guía espiritual al padre Pepe. En su desesperación fue a platicar con él. Le comentó que había escuchado en las noticias que se había vuelto común que los padres recorrieran el país clamando justicia para sus hijos y ella se sentía con la voluntad para hacerlo. Ya lo había platicado con su esposo y él estaba de acuerdo y quería a caminar junto a ella. Juana se sentía dispuesta a dejar el trabajo seguro y arriesgar sus pobres ahorros en esta empresa.

El padre Pepe le contestó en estos términos: <<Juana, si quieres luchar como cristiana contra las arbitrariedades del poder político, necesitas una estrategia. Así que antes de emprender tu lucha, debes leer el Apocalipsis. Allí está diseñada una formidable estrategia cristiana para enfrentar a la bestia>>.

Juana retornó a su casa y esa noche no durmió, leyendo el último libro de la Biblia.
[Esta historia continuará]

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