miércoles, 2 de enero de 2013

Apocalipsis de "Hernández"


Apocalipsis de “Hernández”

Ximena no tenía el hábito de beber licor. Sin embargo, la ocasión lo ameritaba. Así que tomó una botella de coñac que su abuelo, el viejo juez, había dejado a medias, y se sirvió una copa para disponerse a leer el documento del cual era legítima heredera. Primero el mensaje, unas palabras de cariño y luego una explicación breve de cómo aprendió a utilizar las herramientas de Word. Después abrió el documento y esto fue lo que encontró:

APOCALIPSIS DE HERNÁNDEZ

1.- Yo, Gabriel Hernández Trujillo, Juez Penal de Primera Instancia, en pleno uso de mis facultades mentales, he tenido una visión de la realidad que el común de los ciudadanos no alcanza a distinguir y siento el deber de hacer esta revelación. En efecto, es cosa de otro mundo, pero es una realidad que se descubrió en un encuentro con mi conciencia.

Si alguien quiere poner en duda esta revelación, entonces le recuerdo la tragedia de Sófocles denominada Antígona. En particular aquellas palabras que la protagonista dirige a Kreón:

Es que Zeus no ha hecho esas leyes, ni la Justicia que tiene su trono en medio de los dioses inmortales. Yo no creía que tus edictos valiesen más que las leyes no escritas e inmutables de los dioses, puesto que tú eres tan sólo un simple mortal. Inmutables son, no de hoy ni de ayer; y eternamente poderosas; y nadie sabe cuándo nacieron. No quiero yo, por miedo  a las órdenes de un solo hombre, merecer el castigo divino. Ya sabía que un día debo morir —¿cómo ignorarlo?— aun sin tu voluntad; y si muero prematuramente, ¡oh! será para mí una gran fortuna. Para los que como yo, viven entre miserias innumerables, la muerte es un bien…

La mejor interpretación que encontré de esta obra no es la que opone, oposición contradictoria, el derecho positivo y el derecho natural sino aquella que observa una oposición entre el derecho positivo y la conciencia de Antígona. Hoy, prefiero hablar no del derecho positivo sino del texto de la ley y mi conciencia o, lo que es igual, aquello que debo revelar es fruto de la interpretación de los hechos y del texto de la ley, guardando las debidas proporciones.

1.1.- Con frecuencia dije que los juicios orales son puro teatro.  En lo que sigue el lector encontrará la razón de mi dicho. La palabra clave de ese dicho es “teatro”. Sin embargo, el instrumento que disparó la revelación fue una lectura operando sobre los hechos de una prolongada experiencia, más de treinta años en la judicatura:  

…Hic et nunc, el ser humano como tal es lo que es en función de los diversos nexos comunicativos que puede llegar a establecer y mantener. De aquí se desprende que la relacionalidad constituye la signatura específica de la presencia del ser humano en su mundo cotidiano [...]  En este contexto, sería conveniente no olvidar que la patologización de lo humano, tanto a nivel individual como colectivo, acostumbra a producirse siempre que tiene lugar la interrupción más o menos abrupta de la comunicabilidad: entonces la relacionalidad como forma genuina de presencia del ser humano en el mundo se echa a  perder [...] Lo que designamos con la expresión <<vida cotidiana>> no es sino el ejercicio cotidiano de la relacionalidad comunicativa propia del hombre, el cual de esta manera <<se presenta>> y <<se representa>>sobre el escenario del gran <<teatro del mundo>>. En efecto, parece harto evidente que toda representación resulta operativa en donde se da una forma u otra de comunicación y de acción relacional. El hombre es inevitablemente un <<ser teatral>>.

La chispa que iluminó los acontecimientos es la referencia a las patologías de lo humano. La voz “patología” usualmente se refiere al conjunto de síntomas de una enfermedad, pero también se emplea en sentido figurado para hablar de la patología social. En esta revelación quiero emplearla como un término analógico capaz de comprender tanto los síntomas de las enfermedades como las señales que lanzan los problemas sociales y, particularmente la violencia. El juicio oral en tanto que es, o sea, una manifestación de la democracia es, o será, también un medio o método para dominar la violencia.

La señal fundamental del campo de realidad que se pretende mostrar es que la relacionalidad como forma genuina de presencia del ser humano en el mundo de los mexicanos (y, por tanto, de los veracruzanos) está echada a perder. Esto lo vemos todos. Aquello que no se echa de ver es que los diálogos, este ir y venir de la palabra, sufrió una interrupción abrupta y que uno de los síntomas más evidentes, con tanta evidencia que como una luz intensa sobre los ojos impide ver, es que en el momento actual no hay juicios penales en México, porque los jueces no están allí, ellos no juzgan (simplemente condenan).  

Revertir aquella situación enreda la idea de convertir el proceso penal en una especie de teatro. Se debe recordar que la etimología de la palabra teatro es del griego "theatron", que significa "lugar para ver" o "lugar para contemplar". Los orígenes del teatro los encontramos en la unión de antiguos rituales sagrados para asegurar una buena caza o temporada agrícola, con los elementos emergentes en las culturas relacionados con la música y la danza. Consecuentemente, para restaurar los diálogos es necesario que los ciudadanos comiencen por verlos, escenificados dentro de un juicio oral. La materia penal, que toca las fibras humanas más profundas, puede convertirse en el más puro teatro.

_ _ _ _ _ _ _ _

Ximena notó en el acto que su abuelo siguió con su costumbre de no hacer referencias bibliográficas y con la vanidad de sus discursos (mira que llamarle “Apocalipsis” a su documento), pero tomó muy en serio sus palabras. Si esto fuera la Biblia se diría que acaba de leer el versículo 1 del Capítulo 1 del apocalipsis de su abuelo. Comprendió que era una lectura para efectuar con Fernando y no para hacerlo sola. Terminó su copa y un poco mareada —tal vez por la lectura, quizás por el coñac— resolvió twitear con él para hacerle la invitación.
[Esta historia continuará]

No hay comentarios:

Publicar un comentario