jueves, 3 de enero de 2013

"Noche de luna en Xalapa"

La alberca en la casa chica del viejo juez

Una noche propicia para los enamorados. Fernando y Ximena estaban solos en la casa. Doña Sara, que no disimulaba su ánimo casamentero, había salido a visitar a una amiga y, con toda intención, advirtió que regresaría a la media noche. Los tórtolos sentados cómodamente en el jardín que estaba frente a la alberca de la casa chica del juez, comenzaron el ritual del amor.

Ximena que sentía estar tan encendida como la luna se preguntaba <<¿Por qué Fernando no le pedía hacer el amor?>> En cambio, él se sentía muy agradecido por la confianza de Doña Sara y no la defraudaría intentando seducir a su novia. Sin sospechar siquiera que el seducido era otro. Con el fin de no ceder a la disposición de Ximena, le dijo: <<Me invitaste a conocer el documento de tu abuelo>>.

Ella —a regañadientes— accedió a trasladarse al despacho que había sido del viejo juez y del cual se había apropiado. Se compuso el pelo con descarada coquetería, esperando que su novio siguiera el juego del amor. Con frustración, encendió la computadora y buscó el documento, que ya había despertado la curiosidad de Fernando. Apareció en la pantalla y el joven agente del Ministerio Público leyó en silencio la parte que ya había leído Ximena.

Después, ambos se dispusieron a leer el Apocalipsis, según “Hernández”:

1.2.- Un demócrata mexicano tuvo la capacidad de síntesis para exponer en seis tesis el fenómeno de la transición democrática mexicana: 1) La transición a la democracia es un periodo histórico; 2) La historia de la lucha política en México durante los últimos años, más de veinte, puede resumirse así: partidos políticos en plural, distintos y auténticos, acuden a las elecciones; en ciertos comicios ganan algunas posiciones legislativas y en otros conquistan posiciones de gobierno; desde ahí promueven reformas que les dan más derechos, seguridades y prerrogativas; 3) La nuestra fue una transición que se desarrolló de la periferia al centro y de abajo hacia arriba; 4) La progresiva normalización electoral trajo un efecto social, político y cultural todavía más grande, o mejor, de mayores consecuencias: la experiencia viva de la pluralidad, la competencia, la cohabitación y el cambio de gobierno; 5) La transición mexicana, fuertemente centrada en el tema electoral, fue en realidad mucho más que electoral; 6) La transición democrática es un cambio que viene de lejos, imparable por su magnitud, pues el aprendizaje colectivo llevaba décadas y había envuelto a todos los actores mediante una especial mecánica de cambio.

Se esperaba que en las elecciones presidenciales del año 2006 se consolidara el cambio democrático, pero ocurrió una lamentable caída. Después el inicio de una espiral de violencia opacó la transición democrática. Yo mismo llegué a creer que otra vez había que comenzar de cero, pero la verdad es que ya nada era igual. Lo que presencié fue el fortalecimiento hasta el absurdo del estado de policía.

No obstante, el movimiento de la historia traía fuerzas encontradas. En un marco de inseguridad pública, en 2008, se reformó la Constitución mexicana para otorgarle armas legales al Poder Ejecutivo, además del material bélico ya adquirido. Sin embargo, en la negociación de esa reforma pasó casi desapercibida la reforma constitucional al sistema de justicia penal, que es una manifestación, quizá tardía, de la transición democrática: el Poder Ejecutivo debe ceder importantes atribuciones al Poder Judicial. La transición democrática continuaba en el trasfondo de “una guerra” contra el narcotráfico y la delincuencia organizada.

Se trata de plantarle cara a una cultura inquisitiva con un Sistema de Justicia Penal Acusatorio, cuya característica principal es la oralidad. La situación que se ha vivido y que se vive ha producido y produce efectos muy profundos y muy graves en el seno de la sociedad:

§  Una imposibilidad estructural para atender los conflictos sociales más graves, que son precisamente aquellos de que se ocupa la justicia penal.

§  Un predominio del trámite sobre el problema real, de modo que el rito es lo que importa y nunca los efectos sociales de ese rito.

§  Una despersonalización total de la administración de justicia, ya que sólo se trata de administrar un expediente y no de juzgar los actos de las personas. Ni el juez está presente, los testigos se convierten en actas, el imputado, si está libre no tiene prácticamente participación en el proceso, si está preso queda olvidado como un objeto en la cárcel, las partes se comunican por medio de escritos y es muy común que durante todo el desarrollo del proceso, el juez, el imputado, la víctima, los abogados y los testigos nunca se hayan visto siquiera y menos aún se conozcan.

§  La conservación de un estructura monárquica dentro de la administración de justicia, ya que los jueces de primera instancia sienten que administran justicia por delegación de la Suprema Corte, tal como antes se hacía por delegación del rey. En este contexto la idea misma de independencia judicial pierde todo sentido.

§  Una progresiva complicación del trámite judicial, de modo que cada vez se hace más incomprensible para la gente común e incluso para los mismos abogados, que nunca saben con exactitud cómo será tratado su caso, ya que las costumbres varían de juzgado a juzgado.

§  Una marcada lentitud del trámite del proceso, ya que a medida que crece la población o aumentan los conflictos sociales o crece la incapacidad del sistema judicial para atender los asuntos que invariablemente se acumulan sin resolución. Paralelamente a ello, y para generar un falso efecto de eficiencia, aumenta la utilización de la prisión preventiva que pasa a ocupar el lugar de la condena.

§  Una falta de confianza creciente de la población respecto de esa administración de justicia ya que, por una parte, se convierte en un instrumento inutilizable para la mayoría de la población (falta de acceso a la justicia) y, por la otra, es percibida continuamente como un sistema arbitrario, injusto, oscuro, incomprensible y cruel en especial respecto de los sectores más vulnerables o desamparados de la población.

§  Una práctica de la abogacía totalmente adaptada y predominantemente dócil a ese sistema, y por lo tanto poco dispuesta a cambiar las rutinas de trabajo que ya son conocidas.

§  Un estudiante universitario que, más allá de sus posiciones políticas, en términos puramente jurídicos modela sus conocimientos de un modo conservador, rutinario y formalista (para adaptarse al sistema en el que tendrá que trabajar) y de ese modo la universidad se convierte en una reproductora constante de la cultura inquisitiva.

Muy someramente, y utilizando las palabras de algún estudioso del derecho procesal, he descrito los condicionamientos históricos y estructurales de la administración de justicia.

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Fernando quedó atónito. No se dio la oportunidad de platicar el tema, pues habían concluido la lectura de esta parte cuando llegó Doña Sara con una pizza tamaño jumbo. Ambos jóvenes tenía hambre y comenzaron a comer. El comer le impide trabajar al cerebro adecuadamente.
[Esta historia continuará]

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