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| La alberca en la casa chica del viejo juez |
Una noche propicia para los enamorados. Fernando y Ximena
estaban solos en la casa. Doña Sara, que no disimulaba su ánimo casamentero,
había salido a visitar a una amiga y, con toda intención, advirtió que
regresaría a la media noche. Los tórtolos sentados cómodamente en el jardín que
estaba frente a la alberca de la casa chica del juez, comenzaron el ritual del
amor.
Ximena que sentía estar tan encendida como la luna se
preguntaba <<¿Por qué Fernando no le pedía hacer el amor?>> En
cambio, él se sentía muy agradecido por la confianza de Doña Sara y no la
defraudaría intentando seducir a su novia. Sin sospechar siquiera que el
seducido era otro. Con el fin de no ceder a la disposición de Ximena, le dijo:
<<Me invitaste a conocer el documento de tu abuelo>>.
Ella —a regañadientes— accedió a trasladarse al despacho
que había sido del viejo juez y del cual se había apropiado. Se compuso el pelo
con descarada coquetería, esperando que su novio siguiera el juego del amor.
Con frustración, encendió la computadora y buscó el documento, que ya había
despertado la curiosidad de Fernando. Apareció en la pantalla y el joven agente
del Ministerio Público leyó en silencio la parte que ya había leído Ximena.
Después, ambos se dispusieron a leer el Apocalipsis, según
“Hernández”:
1.2.- Un demócrata mexicano tuvo la capacidad de síntesis
para exponer en seis tesis el fenómeno de la transición democrática mexicana:
1) La transición a la democracia es un periodo histórico; 2) La historia de la
lucha política en México durante los últimos años, más de veinte, puede
resumirse así: partidos políticos en plural, distintos y auténticos, acuden a
las elecciones; en ciertos comicios ganan algunas posiciones legislativas y en
otros conquistan posiciones de gobierno; desde ahí promueven reformas que les
dan más derechos, seguridades y prerrogativas; 3) La nuestra fue una transición
que se desarrolló de la periferia al centro y de abajo hacia arriba; 4) La
progresiva normalización electoral trajo un efecto social, político y cultural
todavía más grande, o mejor, de mayores consecuencias: la experiencia viva de
la pluralidad, la competencia, la cohabitación y el cambio de gobierno; 5) La
transición mexicana, fuertemente centrada en el tema electoral, fue en realidad
mucho más que electoral; 6) La transición democrática es un cambio que viene de
lejos, imparable por su magnitud, pues el aprendizaje colectivo llevaba décadas
y había envuelto a todos los actores mediante una especial mecánica de cambio.
Se esperaba que en las elecciones presidenciales del año
2006 se consolidara el cambio democrático, pero ocurrió una lamentable caída.
Después el inicio de una espiral de violencia opacó la transición democrática.
Yo mismo llegué a creer que otra vez había que comenzar de cero, pero la verdad
es que ya nada era igual. Lo que presencié fue el fortalecimiento hasta el
absurdo del estado de policía.
No obstante, el movimiento de la historia traía fuerzas
encontradas. En un marco de inseguridad pública, en 2008, se reformó la
Constitución mexicana para otorgarle armas legales al Poder Ejecutivo, además
del material bélico ya adquirido. Sin embargo, en la negociación de esa reforma
pasó casi desapercibida la reforma constitucional al sistema de justicia penal,
que es una manifestación, quizá tardía, de la transición democrática: el Poder
Ejecutivo debe ceder importantes atribuciones al Poder Judicial. La transición
democrática continuaba en el trasfondo de “una guerra” contra el narcotráfico y
la delincuencia organizada.
Se trata de plantarle cara a una cultura inquisitiva con
un Sistema de Justicia Penal Acusatorio, cuya característica principal es la oralidad. La situación que se ha vivido
y que se vive ha producido y produce efectos muy profundos y muy graves en el
seno de la sociedad:
§ Una imposibilidad estructural para atender los conflictos
sociales más graves, que son precisamente aquellos de que se ocupa la justicia
penal.
§ Un predominio del trámite sobre el problema real, de modo
que el rito es lo que importa y nunca los efectos sociales de ese rito.
§ Una despersonalización total de la administración de
justicia, ya que sólo se trata de administrar un expediente y no de juzgar los
actos de las personas. Ni el juez está presente, los testigos se convierten en
actas, el imputado, si está libre no tiene prácticamente participación en el
proceso, si está preso queda olvidado como un objeto en la cárcel, las partes
se comunican por medio de escritos y es muy común que durante todo el
desarrollo del proceso, el juez, el imputado, la víctima, los abogados y los
testigos nunca se hayan visto siquiera y menos aún se conozcan.
§ La conservación de un estructura monárquica dentro de la
administración de justicia, ya que los jueces de primera instancia sienten que
administran justicia por delegación de la Suprema Corte, tal como antes se
hacía por delegación del rey. En este contexto la idea misma de independencia
judicial pierde todo sentido.
§ Una progresiva complicación del trámite judicial, de modo
que cada vez se hace más incomprensible para la gente común e incluso para los
mismos abogados, que nunca saben con exactitud cómo será tratado su caso, ya
que las costumbres varían de juzgado a juzgado.
§ Una marcada lentitud del trámite del proceso, ya que a
medida que crece la población o aumentan los conflictos sociales o crece la
incapacidad del sistema judicial para atender los asuntos que invariablemente
se acumulan sin resolución. Paralelamente a ello, y para generar un falso
efecto de eficiencia, aumenta la utilización de la prisión preventiva que pasa
a ocupar el lugar de la condena.
§ Una falta de confianza creciente de la población respecto
de esa administración de justicia ya que, por una parte, se convierte en un
instrumento inutilizable para la mayoría de la población (falta de acceso a la
justicia) y, por la otra, es percibida continuamente como un sistema
arbitrario, injusto, oscuro, incomprensible y cruel en especial respecto de los
sectores más vulnerables o desamparados de la población.
§ Una práctica de la abogacía totalmente adaptada y
predominantemente dócil a ese sistema, y por lo tanto poco dispuesta a cambiar
las rutinas de trabajo que ya son conocidas.
§ Un estudiante universitario que, más allá de sus
posiciones políticas, en términos puramente jurídicos modela sus conocimientos
de un modo conservador, rutinario y formalista (para adaptarse al sistema en el
que tendrá que trabajar) y de ese modo la universidad se convierte en una
reproductora constante de la cultura inquisitiva.
Muy someramente, y utilizando las palabras de algún
estudioso del derecho procesal, he descrito los condicionamientos históricos y
estructurales de la administración de justicia.
_ _ _ _ _ _
Fernando quedó atónito. No se dio la oportunidad de
platicar el tema, pues habían concluido la lectura de esta parte cuando llegó
Doña Sara con una pizza tamaño jumbo. Ambos jóvenes tenía hambre y comenzaron a
comer. El comer le impide trabajar al cerebro adecuadamente.
[Esta historia continuará]

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