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| La violencia |
El día había sido terrible para Ximena. Por la mañana,
muy temprano, Fernando le participó su propósito de cursar la Maestría en
Derecho Penal. Eso estaba bien, pero por qué en España. Hacia el mediodía, la
cocinera le avisó que había encontrado desmayada a la abuela en el despacho de
la casa. Afortunadamente, el parte médico fue favorable excepto por un detalle,
la abuela no recordaba qué había sucedido. “Dele tiempo” —le había dicho el galeno.
Los padres de Ximena ya venían en su auxilio y a conocer
cómo estaba y como se sentía la abuela. Estar
en el hospital a un lado de su abuela era lo menos que podía hacer, pero como
estaba dormida por el sedante, en realidad significaba no hacer nada. Decidió
recordar el escrito del abuelo, mientras tenía tomada la mano de Doña Sara.
3. La
relación de la comunicación humana con la teatralidad nos permite introducir
otra relación. Me refiero a su carácter cultual (“cultual” perteneciente o
relativo al culto). Hoy se ha puesto de manifiesto que el ritual como forma
simbólica y expresiva constituye una dimensión de todas las actividades del
hombre y, por consiguiente, de la misma comunicación.
La “rutinización”,
la regularidad y la repetición se encuentran en la base de la misma vida social,
lo cual constituye un intento para poner en evidencia que toda forma
comunicativa se adapta a unas pautas ritualizadas que han sido asumidas,
consciente o inconscientemente, tanto por el emisor como por el receptor.
Desde
lo biológico hasta lo cultural, el hombre es un ser pautado. No cabe duda de
que la comunicación humana ‒siempre de una manera u otra ritualizada‒ es (o
pretende ser) no tan sólo una praxis de dominación de la contingencia, sino
también de la violencia, que es una suerte de <<atmosfera
epidémica>> que pone gravemente en peligro la consistencia ética del
individuo y de los grupos humanos.
Éste es
el secreto que guarda la Reforma Constitucional en materia de Justicia Penal y
Seguridad Pública (2008). Jesús Zamora Pierce lleva razón cuando percibe la unidad
de la Reforma, pero se equivoca cuando trata de distinguir entre normas de un
proceso penal acusatorio y de un proceso penal inquisitivo. Toda la Reforma no
se comprende sino como un acto de desesperación por volver al rito y, sobre
todo, a los efectos sociales del mismo. Todas las normas incorporadas están
encaminadas dominar la violencia.
Ciertamente,
los juicios orales no son un remedio que cure todos los males. No son la
panacea universal que buscaron inútilmente los alquimistas del medioevo, pero
al menos son la panacea (no universal), respecto de uno de los males más terribles
que han caído sobre nuestro país: la violencia. Por algo Sergio García Ramírez comparó
la Reforma de 2008 con “Un vaso de agua cristalina, pero envenenada”. Hubo que
agregar en la Constitución mexicana el antídoto. Esto es, otra Reforma, pero
ahora en materia de Derechos Humanos y Juicio de Amparo (2011).
La desesperación
llevó al Constituyente permanente a intentar de dominar la violencia
desde dos frentes, uno el de la seguridad pública y otro el de la seguridad
jurídica. Un medio violento y un medio pacífico, al extremo de incluir dentro
del segundo los medios alternos de solución de controversias. El texto está
allí, en la Constitución Política de México.
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Esperando ser explicado, comprendido y aplicado por los
jueces, pensó Ximena. Pero, ellos ensayarán todos los medios para retrasar el momento de la interpretación (explicación, comprensión y
aplicación del texto constitucional). ¡Es tan cómoda la cultura inquisitiva!
Sobre todo con un pueblo que ya se acostumbró a vivir sin jueces. Que el
Ministerio Público se haga cargo de todo, como lo ha hecho desde poco después de
1917. ¡Es tan fácil echarle encima la responsabilidad!
Ximena detuvo su reflexión, ya que sintió una apretón en
su mano parecía que la abuela estaba leyendo sus pensamientos. Volvió la cara
para mirarla, pero ella seguía en un sueño apacible fruto del somnífero que le
habían aplicado. No pudo detener un amargo pensamiento: ¿Los mexicanos también
estarán sedados? Duermen con un sueño profundo y no despiertan ni con tan
graves y fuertes sacudidas como la Reforma Constitucional en materia de
Justicia Penal y Seguridad Pública (2008).
Mientras tanto, Juana, la cocinera, había vuelto a su propósito inicial.
Comenzaría con la peregrinación a la Villa de Guadalupe para “dar gracias”,
pero continuaría con una marcha por todo el país clamando justicia para los
hijos de aquellas madres mexicanas que estén sufriendo lo que ella sufrió.

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