Doña Sara Mendoza viuda de Hernández, una mujer preparada
en el campo del Derecho, pero dedicada a las labores del hogar, resolvió ese
día arreglar el despacho en el que pasó tantas horas su esposo y que ahora
tenía en posesión su nieta Ximena. Ésta había olvidado apagar la computadora.
Doña Sara protestó por el hecho y ya le llamaría la atención. Se encaminó a
apagarla pero, en contra de su costumbre se quedó leyendo el documento que Ximena
tenía abierto.
La nieta algo le había platicado del texto encontrado
después de la muerte de Gabriel. Pero, hubo dos cosas que no había imaginado
siquiera, una que fuera tan extenso y otra que hablara de Historia. Su marido
tan agudo en el conocimiento de las cosas de la Jurisprudencia, fue reacio a
conocer las cosas de la Historia. “Comamos y bebamos que mañana moriremos” fue
una frase mil veces repetida por él y mil veces escuchada por ella, pero
sospechaba que la repetía porque no estaba convencido de lo que expresaba. Su
esposo tenía una forma de existencia en la cual el futuro se hacía presente y, por tanto, presente estaba la Historia.
El fragmento que leyó Doña Sara fue el siguiente:
2.2.
Una cuestión se haya escondida entre los libros de Historia de la Independencia
de México: ¿Los abogados de la época traicionaron a la corona? ¿Fueron ellos
unos traidores a la monarquía española? En México fueron abogados Juan
Francisco Ascárate, Francisco Primo de Verdad, Manuel de Alderete y Soria ,
Carlos María Bustamante, Andrés Quintana Roo, José Manuel de Herrera. Ellos
estuvieron entre los autonomistas tempranos y entre los redactores del Decreto
Constitucional para la libertad de la América Septentrional.
Los
abogados tuvieron un papel importante en la ruptura del vínculo colonial.
Correspondió a ellos la justificación de la Independencia, tuvieron liderazgo
en los cabildos y congresos donde actuaron como motores de la independencia.
Dada la ambigüedad de toda acción humana, la lucha por la libertad e independencia
puede ser presentada como una traición a la monarquía. No obstante, no hay nada
que soporte que los abogados pudieran ser percibidos como independentistas a
finales del siglo XVIII. Ellos eran los hombres del saber jurídico político.
Era natural que tuvieran un papel activo en la creación de los “espacios
públicos” a final del siglo XVIII y comienzos del XIX, pero esto no los hacía
independentistas. Es comprensible que luego les correspondiera justificar la
independencia, destacar los errores de la política colonial, diseñar las
estructuras jurídicas, redactar la el documento constitucional y, en general,
asumir un liderazgo activo. También es comprensible que otros abogados tuvieran
reservas o se opusieran claramente a alinearse con un movimiento que podía
desencadenar graves trastornos sociales.
La
traición de los abogados se debe buscar en otra parte. A partir del siglo XIX,
se trató de lograr no sólo la independencia sino el establecimiento de la
República, como forma básica de gobierno. Por tal razón, desde los inicios de
la independencia comenzó un movimiento reformador
de la administración de justicia, que trató de reemplazar el viejo sistema inquisitivo
por las instituciones judiciales
anglosajonas, tal como lo había intentado el movimiento del iluminismo y la
revolución francesa. Ese movimiento de transformación judicial no tuvo mayor
éxito y luego de diversos y esforzados intentos, terminaron por imponerse las
viejas costumbres judiciales de corte inquisitivo, ya que las diversas
generaciones de abogados estaban formadas en ellas. En estos hechos sí se puede
leer una traición. No obstante, dicho movimiento logró éxitos parciales. El más
brillante pudo ser la implantación de los jurados, pero —según deja constancia
Francisco Zarco— los partidarios de esta institución perdieron la votación 42
votos contra 40 y no la pudieron incluir en la Constitución de 1857.
No soy
partidario de las analogías históricas, pero, según una concepción
ya un tanto pasada de moda, la Historia es la escuela de la vida. Advierto, y quisiera
ponerle solemnidad a la advertencia, que la Reforma Constitucional en materia
de Justicia Penal y Seguridad Pública (2008), podría correr la misma suerte que los
intentos reformadores de los principios de la Independencia de México. Es decir
que al estar inmersos dentro de una cultura inquisitiva nunca puedan funcionar
correctamente en el futuro.
_ _ _ _ _ _ _ _
La fuente de las lágrimas de Doña Sara estaba seca,
agotada. Ella lloró mucho por causa de su esposo y aún lloró su muerte. Pero,
sufrió una conmoción al leer estas líneas. Cuando la cocinera fue para avisarle
que la comida estaba servida, la encontró en el piso sin sentido. Rápidamente
llamó una ambulancia y, después le avisó por el celular a Ximena. Doña Sara
despertó en una cama del hospital, sin recordar que había sucedido.
[Esta historia continuará]

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