domingo, 6 de enero de 2013

¿La traición de los abogados?


Doña Sara Mendoza viuda de Hernández, una mujer preparada en el campo del Derecho, pero dedicada a las labores del hogar, resolvió ese día arreglar el despacho en el que pasó tantas horas su esposo y que ahora tenía en posesión su nieta Ximena. Ésta había olvidado apagar la computadora. Doña Sara protestó por el hecho y ya le llamaría la atención. Se encaminó a apagarla pero, en contra de su costumbre se quedó leyendo el documento que Ximena tenía abierto.

La nieta algo le había platicado del texto encontrado después de la muerte de Gabriel. Pero, hubo dos cosas que no había imaginado siquiera, una que fuera tan extenso y otra que hablara de Historia. Su marido tan agudo en el conocimiento de las cosas de la Jurisprudencia, fue reacio a conocer las cosas de la Historia. “Comamos y bebamos que mañana moriremos” fue una frase mil veces repetida por él y mil veces escuchada por ella, pero sospechaba que la repetía porque no estaba convencido de lo que expresaba. Su esposo tenía una forma de existencia en la cual el futuro se hacía presente y, por tanto, presente estaba la Historia.

El fragmento que leyó Doña Sara fue el siguiente:

2.2. Una cuestión se haya escondida entre los libros de Historia de la Independencia de México: ¿Los abogados de la época traicionaron a la corona? ¿Fueron ellos unos traidores a la monarquía española? En México fueron abogados Juan Francisco Ascárate, Francisco Primo de Verdad, Manuel de Alderete y Soria , Carlos María Bustamante, Andrés Quintana Roo, José Manuel de Herrera. Ellos estuvieron entre los autonomistas tempranos y entre los redactores del Decreto Constitucional para la libertad de la América Septentrional.

Los abogados tuvieron un papel importante en la ruptura del vínculo colonial. Correspondió a ellos la justificación de la Independencia, tuvieron liderazgo en los cabildos y congresos donde actuaron como motores de la independencia. Dada la ambigüedad de toda acción humana, la lucha por la libertad e independencia puede ser presentada como una traición a la monarquía. No obstante, no hay nada que soporte que los abogados pudieran ser percibidos como independentistas a finales del siglo XVIII. Ellos eran los hombres del saber jurídico político. Era natural que tuvieran un papel activo en la creación de los “espacios públicos” a final del siglo XVIII y comienzos del XIX, pero esto no los hacía independentistas. Es comprensible que luego les correspondiera justificar la independencia, destacar los errores de la política colonial, diseñar las estructuras jurídicas, redactar la el documento constitucional y, en general, asumir un liderazgo activo. También es comprensible que otros abogados tuvieran reservas o se opusieran claramente a alinearse con un movimiento que podía desencadenar graves trastornos sociales.

La traición de los abogados se debe buscar en otra parte. A partir del siglo XIX, se trató de lograr no sólo la independencia sino el establecimiento de la República, como forma básica de gobierno. Por tal razón, desde los inicios de la independencia  comenzó un movimiento reformador de la administración de justicia, que trató de reemplazar el viejo sistema inquisitivo por las  instituciones judiciales anglosajonas, tal como lo había intentado el movimiento del iluminismo y la revolución francesa. Ese movimiento de transformación judicial no tuvo mayor éxito y luego de diversos y esforzados intentos, terminaron por imponerse las viejas costumbres judiciales de corte inquisitivo, ya que las diversas generaciones de abogados estaban formadas en ellas. En estos hechos sí se puede leer una traición. No obstante, dicho movimiento logró éxitos parciales. El más brillante pudo ser la implantación de los jurados, pero —según deja constancia Francisco Zarco— los partidarios de esta institución perdieron la votación 42 votos contra 40 y no la pudieron incluir en la Constitución de 1857.

No soy partidario de las analogías históricas, pero, según una concepción ya un tanto pasada de moda, la Historia es la escuela de la vida. Advierto, y quisiera ponerle solemnidad a la advertencia, que la Reforma Constitucional en materia de Justicia Penal y Seguridad Pública (2008), podría correr la misma suerte que los intentos reformadores de los principios de la Independencia de México. Es decir que al estar inmersos dentro de una cultura inquisitiva nunca puedan funcionar correctamente en el futuro.

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La fuente de las lágrimas de Doña Sara estaba seca, agotada. Ella lloró mucho por causa de su esposo y aún lloró su muerte. Pero, sufrió una conmoción al leer estas líneas. Cuando la cocinera fue para avisarle que la comida estaba servida, la encontró en el piso sin sentido. Rápidamente llamó una ambulancia y, después le avisó por el celular a Ximena. Doña Sara despertó en una cama del hospital, sin recordar que había sucedido.

[Esta historia continuará]

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