En la sala de la casa del difunto juez estaban reunidos
Ximena, sus padres y Fernando su novio. En la recámara descansaba Doña Sara la
señora de la casa. El tema de plática de los primeros es la salud de la última.
El médico les había dicho que la viuda se había recobrado plenamente. Sin
embargo, ninguno de ellos estaba seguro, pues no parecía estar en este mundo.
—Juana, al pasar por allí, les dijo: <<Está como “ida”>>.
—El padre de Ximena inició la plática: <<El médico
dice que solamente es un mecanismo de defensa, que el colapso ocurrió por algo
que la impresionó mucho y no se atreve a volver a encararlo>>.
—Ximena: <<Papá, tú sabes que la abuela es una
mujer muy fuerte>>.
—El papá: <<De acuerdo, pero la muerte de tu abuelo
le afectó mucho>>.
—Ximena: <<Sin duda, sintió la muerte de su esposo,
pero mientras yo era un mar de lágrimas, ella estaba serena disponiendo todo lo
que debía hacerse. Ella estableció las reglas del ritual funerario, no se
venció ni un instante, su espalda estuvo recta en todo momento. Se reclinó en
la iglesia, pero como es su costumbre>>.
—Fernando, quien casi era de la familia, caminaba
admirando las composiciones de cuadros que hay en las paredes de la sala en la
casa de la mujer de la que hablaban y pensó en voz alta: <<Su gusto por
las pinturas es exquisito, pero los pintores son desconocidos.>>
—Ximena: <<Fernando estamos hablando de cosas
serias>>.
—Fernando, ante la inesperada reprimenda contestó:
<<Yo también>>.
—La madre de Ximena: <<Parece que Doña Sara
despertó vayamos a verla>>.
Se trasladaron a la recámara en donde una mujer se
resistía a salir de recuerdos lejanos y se negaba a asimilar el mensaje de su
esposo muerto. Lo había recordado prácticamente todo. El impacto de
leer el pensamiento de su esposo con la fuerza juvenil, en efecto, le impactó
mucho, pero no es la muerte sino la vida, la que provocó la inmersión en los
lugares más recónditos de su memoria. Si la tarea de la memoria también era
olvidar, su memoria, como la mala sirvienta que es, no hizo bien su trabajo.
Pero, se sintió tan a gusto en el mundo de sus recuerdos como un joven de hoy
en la nube cibernética. Por esto no quería salir de allí. “Recordar es vivir y
vivir es recordar”. Ciertamente, fueron los recuerdos los que la hicieron
volver al mundo de Ximena, sus hijos (los papás de su amada nieta) y Fernando.
No obstante, un momento antes de tomar plena consciencia
de quiénes estaban alrededor de su cama, resolvió pensar otra vez el
“Apocalipsis” de su difunto esposo.
3.2. ¿Por
qué la confesión se consideró la reina de las pruebas? Porque los hombres del
Tribunal de la fe (la “santísima” Inquisición) creían en el cielo y en el
infierno y la confesión de la culpabilidad (que comprendía el arrepentimiento
sincero y el propósito de enmienda) es el camino seguro para la salvación de
las almas. El confeso estaba a salvo. El vampiro que se colgó de esta creencia
fue otra creencia, muy generalizada en los orígenes de este tribunal: el uso válido de
la fuerza para obtener esa confesión, ¡Craso error!
El
reino verdadero, aquel en el cual la confesión ha sido, es y será la Reyna es
el proceso moral y no el campo del proceso penal. Así, la culpabilidad, la
verdadera culpabilidad, aquella que comunica con todos los otros para
transformar todo, para que el mundo no sea ya exactamente lo que es, es
ciertamente el vínculo humano más profundo, la fuente de toda auténtica
sociabilidad.
El
verdadero fundamento del matrimonio, institucionalizado o no, el único solo que
no es prostitución, es la confesión recíproca, una confesión llena de carne y
de espíritu que dos seres prosiguen por toda la vida para mejor conocerse y
mejor realizarse el uno por el otro, el uno con el otro. Por esto, me confesé
con Sara, porque, y no recuerdo ni quien lo dijo,
La confesión
conyugal (un sacramento del futuro) constituye la esencia del matrimonio. A
medida que salgamos del estado grosero, bárbaro, en que estamos todavía
sumergidos, contemplaremos cómo la gente se casa precisamente por esto, para
esponjarse todos los días, para decir todo sin reservas, asuntos, ideas,
sentimientos, para no guardar nada para sí, para poner en común su alma toda
entera
Espero
y confío que mi esposa haya comprendido que toda confesión es declaración de
amor y de culpabilidad al mismo tiempo.
Bien entendida esta confesión, que es de naturaleza personal y ética, también
puede ser asumida por el delincuente, de un modo libre, cara a la sociedad.
Este es el fundamento de los procedimientos contemporáneos de justicia
alternativa y restaurativa. Ésta es la base sobre la cual se puede construir la
mediación y la conciliación.
_ _ _ _ _ _ _ _
El impacto que sufrió Doña Sara radicó en darse cuenta
que su esposo también había comprendido lo que ella entendió desde el primer
instante. Solamente que ella no se confesó con él, pues hasta el momento de la
muerte, lo consideró un hombre egoísta, “feliz”, y que creía tener por misión
imponer esa felicidad a los demás y a ella primero que a nadie, muy al estilo
americano, muy al estilo de la Ley y el Orden, aquella serie de televisión que
él acostumbraba ver con frecuencia.
Ximena, sus padres y Fernando sufrieron un sobresalto
cuando Doña Sara abrió los ojos con una expresión de gozo inmenso, pero bañados
en lágrimas.
[Esta historia continuará]

No hay comentarios:
Publicar un comentario