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| "Parque de Los Tecajees"
Alguna de las tantas descripciones que existen del parque “Los
Tecajetes” en Xalapa, Veracruz (México) afirma que el nombre de los Tecajetes se debe a una voz náhuatl que significa cajete de
piedra. Lo que se conoce cómo “Parque de Los
Tecajetes” fueron extensos arenales, que cubrían parte de la avenida Manuel
Ávila Camacho hasta el Hotel Xalapa. En algunos puntos, había espacios fértiles
donde los habitantes sembraban hortalizas.
Aprovechando la hondonada que de manera natural tiene el sitio (en forma
de tecajete), las autoridades construyeron un parque zoológico que durante
algún tiempo funcionó y que ya no existe. Después se reconstruyó mediante la
instalación de fuentes, arriates, juegos infantiles, una pista de patinaje y
áreas para la práctica de ejercicios, tal como hoy se le conoce. Estanques con
variedad de peces multicolores, un foro para presentaciones de artistas
urbanos, excelentes paseos con veredas atascadas de exuberante vegetación,
espacios muy adecuados para disfrutar de una comida campirana con excelentes
asadores.
Uno de los grandes atractivos para los jóvenes es la cancha de futbol
rápido. Allí “Las Serpientes” echaban la cascarita,
Julio el hijo de la cocinera y a quien por homonimia apodaban la “Momia”, entre ellos.
La novedad es que juegan juntos ellos y ellas. Un domingo, Juana invitó a
Ximena por petición de su hijo para que fuera a ver el partido. La nieta del viejo
juez, motivada por las pláticas de Fernando, aunque no le gustaba ese juego,
aceptó la invitación y, a decir verdad, la pasó muy bien. Echó porras como no
se creía capaz, gritó el gol hasta sentir que le dolía la garganta y, sobre
todo, saboreó los pambazos de frijol con queso de cabra que había elaborado la
mamá de Julio, acompañados con agua de limón.
En un descanso Julio, animado por el triunfo y la comida comenzó a
soltar lo que traía atorado desde hacía varios días. Le contó que apenas había
terminado la preparatoria nocturna, ya que perdió algunos años, pero estaba resuelto
presentar el examen de admisión para la carrera de leyes en la Universidad
Veracruzana, como aprobar ese examen es tanto como sacarse la lotería, le pedía
que le ayudara a prepararlo.
—Ximena, sin pensar que le echaba sal a la herida, preguntó:
<<¿Qué te motiva a estudiar la carrera?>>.
—Julio: <<La injusticia sufrida>>.
Julio, el hijo de la cocinera fue sorprendido por el padre de la muchacha teniendo relaciones con su
novia, la muchacha de los jugos, la hija del tendero, con el pleno
consentimiento de ella. Siendo adultos solteros, ello no significa ningún
problema legal. Sin embargo, la novia por temor a su padre, alegó que fue
violada. El tendero llamó a la policía y detuvieron a Julio acusado de
violación.
“Felices los que son perseguidos por la justicia” —Le había dicho su
madre, una cristiana profunda conocedora de la Biblia.
Sin embargo, Julio por primera vez supo lo que es el dolor. La
impotencia ante los represores. Desde el momento de la
aprehensión su voluntad fue suprimida. Le pusieron las esposas. Lo subieron a
la batea de una camioneta, le tiraron boca abajo en la misma, lo trasladaron a
un lugar tenebroso, le encerraron, después de ordenarle que se quitara el
cinturón y los cabetes de los zapatos. Tuvo que refugiarse en la esquina de
aquella celda sucia. Arrinconado sufrió los embates toda la noche de un grupo
de sujetos que apenas si alcanzaba a distinguir. Amenazaban con violarlo, pues
esa era la bienvenida obligatoria para los violadores.
Sorprendentemente, les contuvo la imagen de la virgen de Guadalupe que
se había hecho tatuar en la espalda, pero no por ello lo dejaron de acosar. Estaba
sufriendo en nombre del amor, ya que él y la hija del tendero se amaban
sinceramente. Tenían planes de matrimonio. Se lo había dicho a su madre, pero
estaban sumergidos en la pobreza y, sobre todo él, quería una boda digna para
su novia. Ella había llorado de arrepentimiento por la acusación y él la
perdonó. “El varón perdona y olvida”, según Gandhi.
Cuando por fin, después de tres días, lo trasladaron a la prisión preventiva,
Julio se percató que sería la prisión definitiva. Pudo darse cuenta que no
existía ninguna diferencia con la prisión para sentenciados. Era exactamente lo
mismo. Le habían convertido en niño otra vez, pero siendo un adulto esa es la
peor humillación. Tenía que pedir permiso para todo y su vida estaba
reglamentada minuciosamente. Tuvo que lavar los baños, que por cierto estaban
asquerosos.
No obstante sucedió algo extraordinario. Cuando el padre Pepe en un
sermón dominical les dijo que éramos cosa entre las cosas y animal entre los
animales y les puso como ejemplo la hermandad de Francisco de Asis con todos
los seres del universo, Julio sintió de verdad que su perro era sus hermano y
que los astros también. Hoy recluido y castigado por una violencia que no
ejerció, sintió que los presos son sus hermanos más cercanos, los más próximos.
Cuando lo liberaron de repente y los represores le empezaron a tratar
con sumiso respeto, escuchó que alguno de ellos decía: “Éste está bien parado”.
Él no entendió. Cuando en la calle vio a su madre con el santo rosario en la
mano, pensó que había sido un milagro. Nunca supo ni sabría de la intervención
de un alto jerarca de la iglesia católica. Pero, entre los sentimientos
encontrados que dominaban su corazón, resolvió que estudiaría la carrera de
leyes y, desde ese instante, comenzó a revestirse con el hábito de la constante
y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo.
Ximena le escuchó en silencio y aceptó auxiliarle en la preparación de
su examen de admisión.
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El Secretario Técnico del Consejo Consultivo para la Implementación del Sistema de Justicia Penal en el Estado de Veracruz (México) debe emitir únicamente informes técnicos. Pero, ¿Si desea expresar opiniones a título personal? Esto se considera posible bajo la condición del respeto para la Institución en la cual se trabaja. Tal es el caso de este blog cuya finalidad es didáctica. Salvador Martínez y Martínez
sábado, 19 de enero de 2013
Fubol rápido
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