sábado, 19 de enero de 2013

Fubol rápido

"Parque de Los Tecajees"

Alguna de las tantas descripciones que existen del parque “Los Tecajetes” en Xalapa, Veracruz (México) afirma que el nombre de los Tecajetes se debe a una voz náhuatl que significa cajete de piedra. Lo que se conoce cómo “Parque de Los Tecajetes” fueron extensos arenales, que cubrían parte de la avenida Manuel Ávila Camacho hasta el Hotel Xalapa. En algunos puntos, había espacios fértiles donde los habitantes sembraban hortalizas.

Aprovechando la hondonada que de manera natural tiene el sitio (en forma de tecajete), las autoridades construyeron un parque zoológico que durante algún tiempo funcionó y que ya no existe. Después se reconstruyó mediante la instalación de fuentes, arriates, juegos infantiles, una pista de patinaje y áreas para la práctica de ejercicios, tal como hoy se le conoce. Estanques con variedad de peces multicolores, un foro para presentaciones de artistas urbanos, excelentes paseos con veredas atascadas de exuberante vegetación, espacios muy adecuados para disfrutar de una comida campirana con excelentes asadores.

Uno de los grandes atractivos para los jóvenes es la cancha de futbol rápido. Allí “Las Serpientes” echaban la cascarita, Julio el hijo de la cocinera y a quien por homonimia apodaban la “Momia”, entre ellos. La novedad es que juegan juntos ellos y ellas. Un domingo, Juana invitó a Ximena por petición de su hijo para que fuera a ver el partido. La nieta del viejo juez, motivada por las pláticas de Fernando, aunque no le gustaba ese juego, aceptó la invitación y, a decir verdad, la pasó muy bien. Echó porras como no se creía capaz, gritó el gol hasta sentir que le dolía la garganta y, sobre todo, saboreó los pambazos de frijol con queso de cabra que había elaborado la mamá de Julio, acompañados con agua de limón.

En un descanso Julio, animado por el triunfo y la comida comenzó a soltar lo que traía atorado desde hacía varios días. Le contó que apenas había terminado la preparatoria nocturna, ya que perdió algunos años, pero estaba resuelto presentar el examen de admisión para la carrera de leyes en la Universidad Veracruzana, como aprobar ese examen es tanto como sacarse la lotería, le pedía que le ayudara a prepararlo.

—Ximena, sin pensar que le echaba sal a la herida, preguntó: <<¿Qué te motiva a estudiar la carrera?>>.

—Julio: <<La injusticia sufrida>>.

Julio, el hijo de la cocinera fue sorprendido por el padre de la muchacha teniendo relaciones con su novia, la muchacha de los jugos, la hija del tendero, con el pleno consentimiento de ella. Siendo adultos solteros, ello no significa ningún problema legal. Sin embargo, la novia por temor a su padre, alegó que fue violada. El tendero llamó a la policía y detuvieron a Julio acusado de violación.

“Felices los que son perseguidos por la justicia” —Le había dicho su madre, una cristiana profunda conocedora de la Biblia.

Sin embargo, Julio por primera vez supo lo que es el dolor. La impotencia ante los represores. Desde el momento de la aprehensión su voluntad fue suprimida. Le pusieron las esposas. Lo subieron a la batea de una camioneta, le tiraron boca abajo en la misma, lo trasladaron a un lugar tenebroso, le encerraron, después de ordenarle que se quitara el cinturón y los cabetes de los zapatos. Tuvo que refugiarse en la esquina de aquella celda sucia. Arrinconado sufrió los embates toda la noche de un grupo de sujetos que apenas si alcanzaba a distinguir. Amenazaban con violarlo, pues esa era la bienvenida obligatoria para los violadores.

Sorprendentemente, les contuvo la imagen de la virgen de Guadalupe que se había hecho tatuar en la espalda, pero no por ello lo dejaron de acosar. Estaba sufriendo en nombre del amor, ya que él y la hija del tendero se amaban sinceramente. Tenían planes de matrimonio. Se lo había dicho a su madre, pero estaban sumergidos en la pobreza y, sobre todo él, quería una boda digna para su novia. Ella había llorado de arrepentimiento por la acusación y él la perdonó. “El varón perdona y olvida”, según Gandhi.

Cuando por fin, después de tres días, lo trasladaron a la prisión preventiva, Julio se percató que sería la prisión definitiva. Pudo darse cuenta que no existía ninguna diferencia con la prisión para sentenciados. Era exactamente lo mismo. Le habían convertido en niño otra vez, pero siendo un adulto esa es la peor humillación. Tenía que pedir permiso para todo y su vida estaba reglamentada minuciosamente. Tuvo que lavar los baños, que por cierto estaban asquerosos.

No obstante sucedió algo extraordinario. Cuando el padre Pepe en un sermón dominical les dijo que éramos cosa entre las cosas y animal entre los animales y les puso como ejemplo la hermandad de Francisco de Asis con todos los seres del universo, Julio sintió de verdad que su perro era sus hermano y que los astros también. Hoy recluido y castigado por una violencia que no ejerció, sintió que los presos son sus hermanos más cercanos, los más próximos.

Cuando lo liberaron de repente y los represores le empezaron a tratar con sumiso respeto, escuchó que alguno de ellos decía: “Éste está bien parado”. Él no entendió. Cuando en la calle vio a su madre con el santo rosario en la mano, pensó que había sido un milagro. Nunca supo ni sabría de la intervención de un alto jerarca de la iglesia católica. Pero, entre los sentimientos encontrados que dominaban su corazón, resolvió que estudiaría la carrera de leyes y, desde ese instante, comenzó a revestirse con el hábito de la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo suyo.

Ximena le escuchó en silencio y aceptó auxiliarle en la preparación de su examen de admisión.

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