sábado, 5 de enero de 2013

Teatroracia



“Febrero loco y marzo otro poco”. Era un día quieto, sosegado y sin preocupación. Un día con estas características es propicio para hablar sin concierto ni propósito fijo y determinado. Ximena observó que Fernando, quizá influido por las condiciones del día, se mostraba dispuesto a escuchar, así que comenzó con su divagación: No se sentía a gusto en sus clases de la licenciatura en Derecho. Los profesores repiten y explican el contenido de las normas jurídicas y ellos, los alumnos, en sus exámenes deben repetir lo que dijo el profesor en las clases.

Los profesores no son docentes profesionales, en el sentido de que su tarea universitaria se parece más a una distracción o diversión que a una actividad que demanda una intensa dedicación. Para ellos, la enseñanza del Derecho es una tarea subordinada a la principal que es, en general, la de trabajar como abogado o como juez. Puesto que la tarea de enseñar el Derecho solamente exige de los profesores la repetición y la comprensión de los textos legales, resulta razonable que quienes están más capacitados para asumir esa función sean aquellos que trabajan con estos textos en su vida laboral cotidiana.

Los textos que se utilizan son los códigos, las leyes, o los comentarios a las leyes. En la biblioteca de la Facultad de Derecho no hay otros textos. Cuentan que alguna vez los hubo, pero como nadie los utilizaba algunos escasos profesores comenzaron a pedirlos prestados para no regresarlos. Se habla de dos o tres profesores que saquearon esta biblioteca, pero solamente para adornar su biblioteca privada.

La discusión crítica y la investigación empírica o normativa en este modelo educativo brillan po su ausencia. No deben sorprender la carencia de aulas que permitan un diálogo al estilo de los seminarios, la falta de espacios para el debate y la inexistencia de clases y evaluaciones que tiendan a entrenar en la resolución de casos, en el análisis crítico de textos legales o en la defensa de algún cliente. Es cierto, que hay algún profesor o profesora excepcional, pero “Una golondrina no hace verano”.

Fernando interrumpió a Ximena, para decir: “Por eso precisamente se equivocan quienes le apuestan al cambio generacional para hacer realidad la reforma penal de 2008. La mayoría de los alumnos tiene en esos profesores un modelo a seguir y su máximo deseo es adoptar la forma de actuar de sus modelos o, lo que es igual, conformarse.” Al observar la cara que tenía su novia agregó: “También existen excepciones.

El presupuesto fundamental de esta enseñanza radica en cierta concepción de la autoridad normativa. Ésta postula que toda autoridad nace de la voluntad mayoritaria del pueblo y que sólo sus representantes pueden emitir normas jurídicas válidas, que la autoridad surge, en definitiva del consenso mayoritario expresado por el texto constitucional y por las leyes.

De este modo, dicha concepción debilita la capacidad de los jueces para intervenir en la discusión sustantiva, convirtiéndolos en meros funcionarios públicos que aplican las normas a los casos concretos en forma valorativamente neutra. Los jueces utilizan un razonamiento deductivo en el cual la premisa mayor es la norma, la menor los hechos y la sentencia se produce a manera de conclusión lógicamente necesaria  extraída de sus premisas. Aquí, Ximena recordó lo que le había dicho el abuelo, que en realidad quienes procedían así eran los integrantes de la “ponencia”, pues los jueces ni se enteraban del contenido de los expedientes, concretándose a suscribir el trabajo elaborado por otros.

Como quiera que haya sucedido y suceda, la explicación para este rol de los jueces es sencilla: si los jueces intervinieran en el proceso de aplicación de la ley, estarían desvirtuando la voluntad popular, convirtiéndose en legisladores ilegítimos. Los jueces crearían derecho usurpando una función que no les corresponde. Al postulado de la voluntad popular se agrega entonces el de la negación de la interpretación judicial.

Fernando había dejado de escuchar. Se dedicó a contemplar las formas que adoptaban las nubes y a formular su propia ensoñación: “La esperanza para existencia humana es como el oxígeno para el pulmón. Si falta oxígeno viene la muerte por asfixia. Si falta la esperanza viene esa dificultad de respiración que se llama desesperación, parálisis de la expansión espiritual por un sentimiento de la nada o el sinsentido de la vida.”

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