sábado, 29 de septiembre de 2012


Por todos los medios…


Uno de los elogios que se le hace a Fray Bartolomé de Las Casas es que supo mirar las cosas de los indios como un buen antropólogo. Lo cual denota que el fraile dominico supo comprender una cultura muy diferente a la suya o que, por lo menos, se esforzó en hacerlo.

Hoy se quiere dedicar esta Entrada a reseñar el comentario de hace algunos ayeres, efectuado con mirada lascasiana, por Benigno Zilli Mánica y que tituló La rehabilitación de las brujas. Conviene comenzar con un texto nuclear:

Esta semiclandestinidad con que operan nuestras brujas es un resabio de las persecuciones que sufrieron en otro tiempo y de las que les ha quedado un como reflejo condicionado, porque en realidad hoy no tienen que temer. Sabemos que están en perfecta paz y comunión con la iglesia que en otro tiempo más bien fue poco amistosa con ellas. Ahora son los “doctores” los que las quisieran llevar a la hoguera. Pero no les harán nada. No pueden con ellas (1980: 45).

Nuestro autor se pregunta: <<¿Y quien tiene miedo ahora a las brujas?>> y se responde que <<Nadie>>. Después explica que, al contrario, se les quiere y respeta y en esta Atenas veracruzana –dice‒ son muchas las personas que reciben sus beneficios porque sus curaciones y sortilegios sirven para todo: lo mismo te libran de un mal aire que de la mujer entrometida que te está quitando a tu marido. Enfermedades, decepciones, malas suegras –que también las hay‒, borracheras que no tienen para cuando, robos y desapariciones, quejidos y espantos en tu casa, pero sobre todo mujeres, mujeres malas, que se atraviesan en el camino de los hombres rectos y honorables a quienes nunca antes se les había sabido algo. Son mil y una cosas de las que uno sufre y en las que ni el médico, ni el abogado, ni el sacerdote moderno, ni nadie, te puede ayudar. ¿A quien va uno a acudir? Pues al “Centro”, porque allí sin duda te darán alivio y hasta puede que te comuniquen con seres ya de otro mundo porque la “señora” tiene poder en el cielo y en la tierra y en cosas de corrientes y maleficios ella es una experta (1980: 46).

Como el tema que se trata es en torno al proceso penal, conviene abonar recordando un caso en el cual, en el curso de una investigación, un fiscal contrata a una de estas “señoras” para señalar el lugar donde se encontraba el cadáver de un sujeto desaparecido y supuestamente asesinado. El asunto se conoce como el caso de “La Paca”. Aunque finalmente el fiscal no quedó muy satisfecho con los resultados, el dato abunda sobre aquello de que nuestras brujas de hoy sirven para todo.

Ya que se trajo el asunto al campo de realidad que ocupa la atención, vale la pena preguntar: ¿Si las brujas, hoy en día no son perseguidas, ya no hay perseguidos? El asunto es muy sofisticado, pues se persigue y se lucha contra la criminalidad organizada por cualquier medio, como se hacía en otro tiempo con las brujas. La persecución de hoy se concretiza en un “varón feo, pobre y naco”, del cual se sospecha su pertenencia al crimen organizado.

El discurso de emergencia se actualiza: Se identifica algo dañoso que produzca miedo a la gente; se refuerzan lo miedos y los prejuicios a su respecto; se magnifica el peligro hasta generar pánico social; se imputa el peligro a grupos vulnerables considerados siempre inferiores y hasta subhumanos; se desautoriza y estigmatiza a quien niega tales exageraciones e invenciones; se neutralizan los argumentos de autoridad que provienen de su propia fuente; se presenta al poder de castigar como el único medio para conjurar el peligro; se descalifica también a quien niega esto; frente a la amenaza de un peligro público tan enorme que puede hacer desaparecer la especie, muestran como razonable que el poder punitivo se ejerza sin límites frente a ella, o sea, que surge un poder de excepción sólo para estos casos; el último paso es convertir la excepción en regla y cancelar los límites para todo el poder de castigar.

En este contexto se entiende porqué se afirma que dentro del proceso de talante inquisitorial <<El juez puede iniciar de oficio el proceso, también está facultado para buscar los hechos utilizando cualquier medio tendiente a la averiguación de la verdad>>.

Bibliografía


Zilli Mánica, J. B. (1980). Día y Hora. Xalapa, Veracruz, México: Ediciones San José.

 

 

 



 

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