jueves, 13 de septiembre de 2012



El discurso liberal


En las antípodas del discurso de emergencia, como le llama Eugenio Raúl Zaffaroni,  se encuentra el discurso liberal. “La primera aparición del discurso de emergencia tuvo lugar contra el diablo, que perdía las almas llevándolas a disentir con la autoridad (herejías). No obstante, sus poderes terrenales se consideraban muy limitados. Un antiguo texto eclesiástico –el Canon episcopi‒ afirmaba que los viajes de las brujas eran solo sueños inspirados por el diablo, que carecían de poder de causar otros males. No obstante, comenzó la inquisición a perseguir brujas y a quemarlas y los dominicos se encargaron con singular empeño de esta combustión.” (Zaffaroni, 2005: 200-2001).

De los delitos y de las penas, la célebre obra de Cesar Bonesana, marqués de Beccaria (1738-1794), representa el punto de partida moderno en los anales de la filosofía del derecho judicial y constituye asimismo una suma de ideas sobre la materia que concurren hasta alcanzar su definición más plena en la obra de Montesquieu y los enciclopedistas franceses. Esta presentación de la obra que puede leerse en la contraportada de la edición del Fondo de Cultura Económica (2006) es, sin duda, atinente al contenido del libro.

Sin embargo, es más importante para los propósitos de este blog el siguiente párrafo de la reseña editorial: “A la argumentación sobre el proceso penal, Beccaria agrega su vivo interés por que ésta se difunda en la totalidad del cuerpo social; esta preocupación se torna en un urgente llamado a que la sociedad se convierta en vigilante de la legalidad de las sanciones jurídicas y sus correspondientes aplicaciones, que éstas no se desborden en prácticas extraoficiales como las torturas o cualesquiera otra que rebasen los lineamientos expresados por los códigos” (Las cursivas son del bloguista).

Según Zaffaroni, hubo dos momentos dentro del penalismo racionalista: (a) uno político criminal y (b) otro propiamente penal. En tanto que el primero –dice el profesor argentino‒ enunció los principios liberales, el segundo los incorporó al derecho penal, usando la sistemática constructiva de los prácticos. “El autor más conocido del periodo político-criminal fue Cesare Bonessana, marqués de Beccaria (1738-1794), a quien todos tomaron como referencia para coincidir o polemizar.” (2005: 215-216).

En cuanto a la obra De los delitos y de las penas (1764), Zaffaroni explica que es un producto de juventud que tiene mucho más de discurso político que de estudio jurídico o científico, pero fue un libro sumamente oportuno y sus resultados fueron extraordinariamente positivos. Su pensamiento pertenece más a la vertiente revolucionaria que al despotismo ilustrado. La primera edición del libro fue anónima y Beccaria no volvió a ocuparse de la cuestión penal, sino de temas económicos y técnico-financieros, pasando el resto de sus ideas en cargos burocráticos. (2005: 216).

Sergio García Ramírez comienza el estudio introductorio a la edición del Fondo de Cultura Económica con las siguientes palabras: “César Bonessana, marqués de Beccaria (1738-1794), el milanés insólito, es un personaje fundamental y desconcertante. Beccaria es fundamental por su aportación notable a la reforma de la justicia penal: un breve libro, más poderoso que el torrente de la exégesis que había y la dogmática que vendría. (2006: 7).

<<¿Me está recomendando esta lectura?>> ‒Preguntará el ciudadano.  A lo que habrá que responder afirmativamente y con un pensamiento casi benedictino: <<Si puedes leer, por qué no lo haces>>. Algunos escucharán la recomendación, algunos otros contestarán con arrogancia, descaro o desabrimiento: <<No tengo tiempo>>. Contaba un maestro que en cierta ocasión llegó a la oficina de un prestigiado administrador y observó que en su escritorio tenía la siguiente leyenda: “No es que no tenga tiempo, es que soy desorganizado”.

Bibliografía


Beccaria, C. (2006). De los delitos y de las penas. México: Fondo de Cultura Económica.

Zaffaroni, E. R., Alagia, A., & Slokar, A. (2005). Manual de Derecho Penal, Parte General. Buenos Aires, Argentina: EDIAR.

 

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