jueves, 6 de septiembre de 2012

¡YA VIENE EL FIN DEL MUNDO!

Calamidades, catástrofes  y “catastrofistas”


En alguna ocasión se escuchó que en la realidad social únicamente se observan dos partes o partidos: el partido de la vida y el partido de la muerte. En México utilizar esta visión no resulta recomendable, ya que existen grupos que pregonan estar a favor de la vida y son auténticos batallones de la muerte: ultraconservadores. No obstante, la reflexión tiene su importancia, pues cada vez que se pretende realizar un cambio social para bien emerge la resistencia al cambio: en este país y de cara al progreso generoso –liberal‒ nunca han faltado los “reaccionarios” empeñados en conservar el estado de cosas.

El ciudadano, oteando el horizonte, se preguntará ¿Por dónde se observa un cambio para bien? Habrá que responder que en la Constitución Política de México y en materia de justicia penal, pero solamente en aquellos aspectos en los cuales se respetan los elementales Derechos Humanos. Sin duda, falta todavía una labor judicial que pueda cernir cuáles son esos aspectos. Con todo, ya se siente la reacción de los archiconservadores de siempre.

“El Sistema de Justicia Penal no va a funcionar”, “El Sistema de Justicia Penal va a colapsar”. Estas frases se volvieron ‒velozmente‒ lugares comunes del discurso cotidiano de algunos operadores del sistema en la actualidad. Pero, precisamente ayer, se escuchó la cuestión de un joven abogado: <<¿Funciona el sistema penal actual?>>.

En cuanto la metáfora del colapso, también vale la pregunta: ¿Acaso no se busca un cambio para bien porque el sistema actual ya “colapsó”? En efecto, el sistema actual está en ruinas, prácticamente destruido. Una definición de diccionario afirma que el colapso es un síntoma grave y frecuente de los envenenamientos. ¿Acaso no es verdad que el veneno de la corrupción corre por todo el sistema actual y disminuye a grados ínfimos sus fuerzas para procurar y administrar justicia?  El antídoto del respeto a los Derechos Humanos debiera ser bienvenido y celebrado.  

El asunto recuerda las palabras de Ernesto Garzón Valdés en su libro Calamidades:

…En este libro entenderé por <<calamidad>> aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de acciones humanas intencionales, es decir, excluiré los casos que pueden caer bajo la denominación de <<mala suerte>> individual o colectiva que son la consecuencia de actos voluntarios no intencionales. Reservaré la palabra <<catástrofe>> para designar la desgracia, el desastre o la miseria provocados por causas naturales que escapan al control humano. Es obvio que, si se acepta la propuesta terminológica, las calamidades son evitables y las catástrofes no. En el caso de las primeras cabe hablar de responsabilidad normativa (moral o jurídica); en las segundas, no (2004: 11-12).

 Una de las calamidades que este autor examina es precisamente la corrupción. Pero, si se recordaron sus palabras fue porque los reaccionarios o archiconservadores son también catastrofistas. Ellos, desde ahora, consideran la implantación del sistema de justicia penal como una desgracia, un desastre o una miseria provocado por causas naturales que escapan al control humano. Algo que, desde su punto de vista, es inevitable y que, por tanto, no van a hacer nada por evitarlo.

Bibliografía


Garzón Valdés, E. (2004). Calamidades. México: Gedisa.

 

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