![]() |
| ¡YA VIENE EL FIN DEL MUNDO! |
Calamidades, catástrofes y “catastrofistas”
En alguna ocasión se escuchó
que en la realidad social únicamente se observan dos partes o partidos: el partido de la vida y el partido de la
muerte. En México utilizar esta visión no resulta recomendable, ya que
existen grupos que pregonan estar a favor de la vida y son auténticos
batallones de la muerte: ultraconservadores.
No obstante, la reflexión tiene su importancia, pues cada vez que se pretende
realizar un cambio social para bien emerge la resistencia al cambio: en este
país y de cara al progreso generoso –liberal‒ nunca han faltado los
“reaccionarios” empeñados en conservar el estado de cosas.
El ciudadano, oteando el
horizonte, se preguntará ¿Por dónde se observa un cambio para bien? Habrá que
responder que en la Constitución Política de México y en materia de justicia
penal, pero solamente en aquellos aspectos en los cuales se respetan los
elementales Derechos Humanos. Sin duda, falta todavía una labor judicial que
pueda cernir cuáles son esos aspectos. Con todo, ya se siente la reacción de
los archiconservadores de siempre.
“El Sistema de Justicia Penal
no va a funcionar”, “El Sistema de Justicia Penal va a colapsar”. Estas frases
se volvieron ‒velozmente‒ lugares comunes del discurso cotidiano de algunos
operadores del sistema en la actualidad. Pero, precisamente ayer, se escuchó la
cuestión de un joven abogado: <<¿Funciona el sistema penal
actual?>>.
En cuanto la metáfora del
colapso, también vale la pregunta: ¿Acaso no se busca un cambio para bien
porque el sistema actual ya “colapsó”? En efecto, el sistema actual está en
ruinas, prácticamente destruido. Una definición de diccionario afirma que el colapso es un síntoma grave y frecuente
de los envenenamientos. ¿Acaso no es verdad que el veneno de la corrupción
corre por todo el sistema actual y disminuye a grados ínfimos sus fuerzas para
procurar y administrar justicia? El
antídoto del respeto a los Derechos Humanos debiera ser bienvenido y celebrado.
El asunto recuerda las
palabras de Ernesto Garzón Valdés en su libro Calamidades:
…En este libro entenderé por
<<calamidad>> aquella desgracia, desastre o miseria que resulta de
acciones humanas intencionales, es decir, excluiré los casos que pueden caer
bajo la denominación de <<mala suerte>> individual o colectiva que
son la consecuencia de actos voluntarios no intencionales. Reservaré la palabra
<<catástrofe>> para designar la desgracia, el desastre o la miseria
provocados por causas naturales que escapan al control humano. Es obvio que, si
se acepta la propuesta terminológica, las calamidades son evitables y las
catástrofes no. En el caso de las primeras cabe hablar de responsabilidad
normativa (moral o jurídica); en las segundas, no (2004: 11-12).
Una de las calamidades que este autor examina
es precisamente la corrupción. Pero, si se recordaron sus palabras fue porque
los reaccionarios o archiconservadores son también catastrofistas. Ellos, desde ahora, consideran la implantación del
sistema de justicia penal como una desgracia, un desastre o una miseria provocado
por causas naturales que escapan al control humano. Algo que, desde su punto de
vista, es inevitable y que, por tanto, no van a hacer nada por evitarlo.
Bibliografía
Garzón Valdés, E. (2004). Calamidades. México:
Gedisa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario